En las últimas décadas, la interdependencia comercial entre América Latina (AL) y Estados
Unidos (EUA) ha crecido de manera exponencial, consolidando a EUA como el principal
receptor de los recursos naturales de la región latinoamericana. Este patrón de comercio ha
generado una dinámica particular en la que las economías del Sur Global transfieren ingentes cantidades de materiales, energía y trabajo a EUA para la producción de bienes con una alta intensidad de recursos, mientras que a cambio, reciben productos de menor impacto ambiental pero de mayor valor agregado.