Cooperativismo y estabilidad económica: análisis del sector SOCAP en México (2009-2011)
Esta investigación analiza el papel de las Sociedades Cooperativas de Ahorro y Préstamo (SOCAP) en México como mecanismos de estabilidad económica frente a las fallas del mercado financiero tradicional. El estudio utiliza un marco teórico basado en la economía keynesiana para explicar cómo estas organizaciones, al no perseguir exclusivamente el lucro y basarse en principios de solidaridad y membresía, logran mantener el consumo y la liquidez en sectores vulnerables. Se argumenta que, a diferencia de la banca comercial, las cooperativas actúan como instrumentos contracíclicos que mitigan los efectos negativos de las crisis al facilitar el acceso al crédito y fomentar la propensión marginal a consumir.
El documento se centra específicamente en el periodo 2009-2011, evaluando cómo el sector cooperativo enfrentó las repercusiones de la crisis financiera global iniciada en 2008. A través de un análisis de indicadores de solvencia y penetración, el trabajo demuestra que el modelo cooperativo ofrece una alternativa resiliente que promueve la inclusión financiera y la cohesión social en momentos de incertidumbre económica. En conclusión, se resalta que el fortalecimiento de las SOCAP es fundamental para reducir la brecha de desigualdad y proporcionar una red de seguridad financiera que contribuya a la estabilidad macroeconómica del país.

TRIMESTRE: 25-O
MÓDULO: VII
INTEGRANTES: Melquisedec Tabarez Martínez
Ana Adriana Montoya González
DOCENTE: Sánchez Rodríguez Luz Marina
El siguiente trabajo es realizado por alumnos de la Licenciatura en Economía de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, cualquier duda o aclaración mandar un correo a: economia@correo.xoc.uam.mx
Introducción
El actual modelo capitalista se caracteriza por una inherente dualidad: si bien ha sido el motor de un notable crecimiento económico global, ha expuesto limitaciones estructurales fundamentales. Estas limitaciones se manifiestan en la creciente desigualdad social, la concentración de la riqueza, la precarización del empleo y la recurrencia de crisis periódicas de la demanda. Los fallos del mercado, analizados en profundidad desde el enfoque keynesiano, demuestran que el funcionamiento autónomo del sistema económico no garantiza ni la estabilidad macroeconómica ni el bienestar general de la población. La falta de mecanismos redistributivos eficaces y la tendencia del capital a concentrarse han provocado brechas estructurales que el mercado es incapaz de corregir por sí mismo.
En este contexto, el cooperativismo se presenta como una alternativa institucional viable que busca corregir las deficiencias del mercado mediante la democratización de la economía. Al enfocarse en la participación democrática, la distribución equitativa de ingresos y la reinversión de las ganancias en las comunidades, el modelo tiene el potencial intrínseco de funcionar como un mecanismo keynesiano que incrementa la demanda agregada, reduce el desempleo y fortalece la cohesión social. No obstante, el papel del cooperativismo como instrumento de estabilidad macroeconómica, desde la perspectiva keynesiana, lo ha sido insuficientemente explorado en la literatura económica mexicana, lo que constituye el principal vacío de investigación.
La investigación se delimita al sector de las Cooperativas de Ahorro y Préstamo (SOCAP) en México. La evaluación temporal se concentra en el periodo 2009-2011, utilizando la información consolidada de la CNBV disponible para esos años, lo que permitirá valorar el cooperativismo como una herramienta de estabilización económica durante y después de la crisis financiera global de 2008-2009.
La pregunta central que guía esta investigación es: ¿Cómo puede el cooperativismo actuar como mecanismo keynesiano de estabilización económica en México, a partir del análisis del sector de las Sociedades Cooperativas de Ahorro y Préstamo (SOCAP) durante los años posteriores a la crisis financiera de 2008-2009 (2009-2011)?
Nuestra hipótesis principal postula que las SOCAP, por su naturaleza de propiedad colectiva y sus principios democráticos y redistributivos, operan como un agente económico intrínsecamente anticíclico que, en el contexto de la crisis de 2008-2009 y los años posteriores, pudo contribuir a contrarrestar la caída y sostener la demanda agregada. Este efecto se generó al incrementar la propensión marginal al consumo de sus miembros, mediante el acceso continuo a servicios de crédito y el retorno del excedente. Adicionalmente, se plantea que las SOCAP demostraron un comportamiento más estable y resiliente en términos de crecimiento de membresía y estabilidad del empleo que el promedio del sector financiero y las empresas de capital tradicionales.
La justificación de este estudio reside en la necesidad de reconsiderar al cooperativismo no solo como una herramienta social, sino como un recurso económico crucial para la estabilidad y el crecimiento. El análisis busca demostrar cómo sus principios pueden armonizarse con la política keynesiana de pleno empleo y bienestar social, ofreciendo una ruta institucional para mitigar las recesiones del sistema capitalista y democratizar la riqueza, siempre que se aborden las insuficiencias institucionales y regulatorias del Estado que actualmente limitan su desarrollo.
Para lograr este fin, la investigación se apoya en un objetivo general que busca analizar el cooperativismo, a través de un enfoque keynesiano, reconociendo su función como una alternativa y un estabilizador económico. Esto se desglosará en objetivos específicos que examinarán las fallas del capitalismo, los fundamentos redistributivos del cooperativismo, el marco institucional de las SOCAP y, finalmente, evaluarán los impactos económicos y sociales del sector de las SOCAP en su conjunto, a partir de los indicadores agregados publicados por la CNBV para 2009-2011.
El trabajo es de carácter cualitativo–documental complementado con análisis estadístico descriptivo. Se revisa literatura sobre cooperativismo, economía social y teoría keynesiana y, en la parte empírica, se utilizan datos agregados del SOCAP publicados por la CNBV para 2009-2011. Con esa información se elaboran tablas y gráficas de los principales indicadores del sector.
Tras haber explorado la crisis del modelo capitalista y el potencial del cooperativismo como una alternativa democrática, esta investigación se despliega a través de tres apartados fundamentales que guiarán al lector desde la teoría económica hasta la realidad palpable de las finanzas populares en México.
A continuación, se presenta una hoja de ruta sobre el camino que recorreremos en este estudio:
Capítulo 1: El encuentro entre la cooperación y la teoría keynesiana En esta primera etapa, sentaremos las bases conceptuales. Comenzaremos por definir los principios que dan vida al cooperativismo y cómo su historia ha sido una respuesta constante a las fallas de la “mano invisible” del mercado. Posteriormente, trazaremos un puente hacia el pensamiento de John Maynard Keynes, analizando cómo conceptos como la demanda efectiva y la propensión marginal a consumir se materializan en el actuar de las cooperativas, convirtiéndolas en estabilizadores económicos locales que priorizan a las personas sobre el capital.
Capítulo 2: El andamiaje institucional en México Una vez comprendida la teoría, nos adentraremos en el ecosistema mexicano. Aquí examinaremos el marco legal, encabezado por la Ley General de Sociedades Cooperativas (LGSC), y la estructura dual que regula a las Sociedades Cooperativas de Ahorro y Préstamo (SOCAP). Descubriremos la diversidad de este sector —desde cooperativas de consumo hasta las de producción— y analizaremos con ojo crítico los desafíos que enfrentan, como la brecha tecnológica y las inconsistencias en el apoyo estatal que, en ocasiones, limitan su crecimiento.
Capítulo 3: La prueba de los datos y el caso de éxito El último tramo de nuestra investigación es de carácter empírico. Analizaremos los indicadores financieros del sector SOCAP entre 2009 y 2011, evaluando variables como la morosidad, la capitalización y el crecimiento de la cartera de crédito en los años posteriores a la crisis global. Para dar rostro a estas cifras, cerraremos con un análisis de la Caja Popular Mexicana, ilustrando cómo la cooperativa más grande del país aplica en la práctica los mecanismos de estabilización que hemos estudiado.
Finalmente, llegaremos a las conclusiones, donde reflexionaremos sobre si el cooperativismo financiero es, en efecto, un recurso crucial para la estabilidad y una ruta institucional para democratizar la riqueza en México.
Capítulo 1: Cooperativismo y keynesianismo frente a las fallas de mercado.
1.1 Definición y principios del cooperativismo
La definición de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) establece la cooperativa como:
“Una asociación autónoma de personas unidas voluntariamente para hacer frente a sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes por medio de una empresa de propiedad conjunta y controlada democráticamente” (ACI, 2025).
Esta definición articula dos dimensiones clave, la finalidad social (satisfacer necesidades comunes) y el mecanismo empresarial (propiedad colectiva).
En contraste con la visión liberal. de Adam Smith quien sostiene que la competencia y la búsqueda del interés individual son suficientes para lograr el bienestar económico a través de la “mano invisible”. El cooperativismo emerge como una alternativa que atiende necesidades sociales y económicas que el mercado no logra satisfacer de manera efectiva.
Los principios cooperativos transforman este en una estructura inherentemente redistributiva y estabilizadora, que contrarresta las fallas estructurales del capitalismo tradicional.
- Gobernanza democrática (un miembro, un voto): La autoridad para la toma de decisiones pertenece a los socios, independientemente del capital, reduciendo la inestabilidad que conlleva priorizar la búsqueda de renta para inversores externos.
Este principio contrasta con el modelo de capital (una acción, un voto), y asegura que el objetivo primario de la empresa se centre en la satisfacción del socio con el principio (un miembro, un voto) y no en la maximización de la ganancia, reduciendo la inestabilidad inherente a la búsqueda de rentabilidad.
- Participación económica de los miembros y retorno del excedente: El manejo del excedente (ganancia) es el principal mecanismo de redistribución y al no distribuirse por capital, sino en proporción al uso de los servicios por parte de los miembros, se aumenta la Propensión Marginal a Consumir (PMC) de los socios
- Autonomía e independencia: El modelo cooperativo opera con independencia respecto a entidades externas (incluyendo el Estado), lo cual permite que sus operaciones se mantengan al margen de las presiones de los ciclos macroeconómicos especulativos, contribuyendo a la estabilidad del empleo y el servicio en la comunidad.
La historia del cooperativismo no es un simple registro de una asociación, sino la consolidación de una estructura económica diseñada para mitigar las fallas estructurales del capitalismo, ofreciendo una alternativa centrada en la solidaridad, la redistribución y la estabilidad comunitaria.
Su origen se encuentra en la dualidad estructural que se hizo evidente durante la Revolución Industrial: una rápida acumulación de capital convivía con una amplia pobreza, la explotación e inestabilidad laboral.
Frente al modelo de laissez-faire (dejar hacer) defendido por Adam Smith, que demostró su incapacidad para garantizar la subsistencia y la estabilidad social el pensamiento crítico comenzó a buscar alternativas basadas en la cooperación. (El sitio de la cooperación en el mundo, s.f)
Precursores como Tomás Moro (con su obra utopía en el siglo XVI) y, más tarde, los socialistas utópicos del siglo XIX (Saint-Simón, Charles Fourier y Robert Owen) criticaron la propiedad privada y la desigualdad. Aunque sus propuestas se limitaron a modelos comunitarios experimentales (como los falansterios o las comunidades de Owen), sentaron la base ideológica al demostrar que el trabajo asociado y la propiedad colectiva eran vías viables de organización social. (Monzón Campos, 2003)
La transición de la teoría a la práctica económica se formalizo con los pioneros de Rochadle (1844) en Inglaterra. Su importancia trasciende la simple creación de una cooperativa de consumo; ellos codificaron los principios (democracia, venta al contado y retorno del excedente) que dotaron al modelo de una estructura ética y económica globalmente replicable. Este modelo fue una respuesta directa a la falla de mercado en el consumo (especulación de precios y adulteración de productos básicos) que afectaba el poder adquisitivo de los obreros. (Vista de cooperativismo, s.f)
La filosofía de la ayuda mutua se adaptó rápidamente al ámbito financiero, donde las fallas del capitalismo generaban una exclusión masiva. La banca comercial, enfocada en la maximización de la ganancia, negaba el ahorro, seguro y crédito a tasas razonables a agricultores y artesanos. Esta exclusión provocaba un severo problema de usura y limitaba la capacidad productiva de los pequeños agentes económicos.
Ante esta falla de acceso a capital, surgieron los modelos de ahorro y crédito (precursores de las SOCAP que se están estudiando).
- Friedrich Wilhelm Raiffeisen: enfocado en las comunidades rurales, promovió la responsabilidad ilimitada y la ayuda mutua.
- Hermann Schulze-Delitzsch: se centró en el sector urbano, promoviendo la autofinanciación (capitalismo por cuotas) para artesanos y pequeños comerciantes.
Estas iniciativas, junto con el reconocimiento de John Stuart Mill de la cooperativa de producción como una forma superior de organización laboral, demostraron un valor económico fundamental: la cooperativa se posiciono históricamente como un agente anticíclico capaz de proveer estabilidad del empleo, liquidez y crédito en esferas de la economía donde el sistema de capital privado se negaba a operar o se retraía.
Este carácter anticíclico de las cooperativas, que se manifiesta en la recirculación local del excedente y el fortalecimiento de la demanda interna, es lo que les articula directamente con los postulados de la teoría keynesiana. Por su impacto en la Propensión Marginal a Consumir (PMC), el modelo cooperativo puede entenderse como extensión descentralizada y local de los mecanismos de estabilización macroeconómica, cuyo fundamente será analizado a detalle en la siguiente sección.
1.2 Teoría Keynesiana y las fallas de mercado
El pensamiento keynesiano surge como una crítica directa a los supuestos del liberalismo económico clásico y a su confianza en la autorregulación del mercado. John Maynard Keynes, en La Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero (1936), sostiene que los mercados no siempre alcanzan el equilibrio ni garantizan el pleno empleo, debido a la insuficiencia de la demanda efectiva. En otras palabras, el sistema capitalista, por su propia dinámica, puede permanecer en una situación prolongada de desempleo involuntario si no existe una intervención deliberada del Estado que reactive la economía. Este planteamiento marca un cambio de paradigma en la comprensión de las crisis, al desplazar la atención desde la oferta hacia la demanda agregada como el motor determinante del crecimiento económico.
El modelo de libre mercado, basado en la “mano invisible” de Adam Smith, presupone que el interés individual y la competencia generan un equilibrio eficiente entre oferta y demanda. Sin embargo, Keynes demuestra que las decisiones racionales individuales pueden conducir a resultados colectivamente ineficientes. Durante una recesión, por ejemplo, los hogares y las empresas tienden a ahorrar más, reduciendo así el consumo y la inversión; esto contrae la demanda agregada, provoca caída en la producción y genera desempleo. En este sentido, la búsqueda individual de seguridad económica agrava la inestabilidad general, lo que evidencia una falla estructural del mercado: su incapacidad para autorregularse en contextos de incertidumbre y depresión (Jahan, Mahmud & Papageorgiou, 2014).
El problema central, entonces, no radica en la productividad o en la eficiencia técnica del sistema, sino en la insuficiencia de la demanda efectiva. Cuando los consumidores y las empresas reducen el gasto, la economía entra en una espiral descendente de menor ingreso y menor producción. Este círculo vicioso puede perpetuarse sin una intervención externa que actúe sobre la demanda. Para Keynes, el Estado es el único agente con la capacidad de romper esta dinámica a través de políticas fiscales y monetarias contracíclicas, es decir, medidas que se expanden durante las recesiones y se contraen durante los periodos de auge.
La función del Estado en este marco teórico adquiere un carácter eminentemente económico y social. El gasto público se convierte en una herramienta fundamental para estimular la producción y el empleo cuando el sector privado se retrae. La inversión estatal en infraestructura, educación, vivienda o programas sociales no solo genera empleo directo, sino que también impulsa el efecto multiplicador: el ingreso generado por el gasto público se traduce en nuevo consumo, que a su vez genera más ingresos y empleo (Baum, Poplawski-Ribeiro & Weber, 2012). Este principio constituye el núcleo del pensamiento keynesiano, pues muestra cómo una intervención inicial del Estado puede desencadenar un proceso de expansión económica sostenida.
Desde esta óptica, la política fiscal no debe entenderse únicamente como un instrumento para equilibrar el presupuesto, sino como una palanca para estabilizar el ciclo económico. Keynes sostiene que, en tiempos de crisis, los gobiernos deben aumentar el gasto público o reducir impuestos, aun cuando ello implique un déficit temporal, para compensar la caída del gasto privado. La prioridad no es el equilibrio fiscal inmediato, sino el restablecimiento del empleo y del ingreso (Keynes, 1936). Posteriormente, en periodos de expansión, el Estado puede revertir esta política aplicando medidas de austeridad o incrementando impuestos, con el fin de evitar el sobrecalentamiento de la economía.
El funcionamiento de estos mecanismos se apoya en lo que Keynes denomina estabilizadores automáticos: instrumentos fiscales preexistentes —como los seguros de desempleo o los impuestos progresivos— que actúan de manera automática cuando la economía se desacelera, sosteniendo la demanda sin necesidad de nuevas decisiones políticas (Organización Internacional del Trabajo [OIT], 2014). Estos estabilizadores, junto con la política fiscal activa, buscan reducir la volatilidad de los ciclos económicos, garantizando una distribución más estable del ingreso y, en consecuencia, una mayor cohesión social.
La política monetaria, por su parte, desempeña un papel complementario. En escenarios de recesión, los bancos centrales pueden reducir las tasas de interés para incentivar el crédito y la inversión. Sin embargo, Keynes advierte que esta herramienta tiene límites: cuando las tasas se aproximan a cero, puede surgir una trampa de liquidez, en la que los agentes prefieren mantener su dinero ocioso antes que invertirlo. En tales circunstancias, solo un estímulo fiscal sostenido puede restaurar la confianza y la demanda efectiva (Fondo Monetario Internacional [FMI], 2009).
A partir de esta síntesis, para analizar el comportamiento de las SOCAP en los capítulos siguientes resultan especialmente relevantes cinco conceptos keynesianos: demanda efectiva, propensión marginal a consumir, eficiencia marginal del capital, preferencia por la liquidez y multiplicador del gasto.
1.2.1. Demanda efectiva.
Para Keynes, el nivel de producción y empleo no lo determina la capacidad productiva, sino la demanda efectiva: el gasto que realmente se realiza en consumo e inversión. Cuando la demanda efectiva es insuficiente, la economía opera por debajo de su potencial y se genera desempleo involuntario. En esta investigación, la demanda efectiva aparece vinculada al crédito de las SOCAP hacia hogares y pequeñas unidades productivas, que ayuda a sostener el gasto en las regiones donde operan.
1.2.2. Propensión marginal a consumir (PMC).
La propensión marginal a consumir es la fracción de cada peso adicional de ingreso que los hogares destinan al consumo. Para Keynes, los hogares de menores ingresos tienen una PMC más alta, por lo que el ingreso que reciben se traduce casi de inmediato en gasto. Esto es relevante en el caso de las SOCAP porque sus socios suelen pertenecer a estratos medios y bajos; por ello, el crédito cooperativo tiende a convertirse rápidamente en consumo e inversión de pequeña escala, amplificando la demanda efectiva.
1.2.3. Eficiencia marginal del capital.
La eficiencia marginal del capital es la relación entre el rendimiento esperado de una inversión y su costo. Los empresarios invierten mientras esperan una rentabilidad suficiente frente a la tasa de interés. Tras una crisis, la caída de las expectativas puede frenar la inversión. En el análisis del sector SOCAP, el crecimiento de la cartera de crédito después de 2009 se interpreta como señal de que siguen existiendo proyectos con eficiencia marginal del capital aceptable, financiados a través de las cooperativas.
1.2.4. Preferencia por la liquidez
La preferencia por la liquidez describe la tendencia de los agentes a mantener dinero líquido por motivos de transacción, precaución y especulación. En contextos de incertidumbre, los bancos pueden elevar su preferencia por la liquidez y restringir el crédito, amplificando la recesión. En contraste, las SOCAP mantienen niveles elevados de capital y provisiones, pero sin cortar drásticamente el crédito; esto sugiere una gestión de la liquidez que busca preservar la solvencia sin paralizar la intermediación hacia sus socios.
1.2.5. Multiplicador y ciclo económico
El multiplicador keynesiano indica que un aumento inicial del gasto (por ejemplo, vía crédito) genera incrementos sucesivos en el ingreso, debido a que cada ronda de gasto se transforma parcialmente en nuevo consumo. En el contexto del ciclo económico, esto implica que políticas o instituciones que sostienen el gasto pueden suavizar las fases recesivas. En esta investigación, la expansión de la red de sucursales y del crédito cooperativo entre 2009 y 2011 se interpreta como un mecanismo que refuerza el multiplicador local y contribuye a la recuperación posterior a la crisis.
La relevancia del pensamiento keynesiano se evidenció nuevamente durante la crisis financiera global de 2008-2009, cuando la contracción del crédito y la pérdida de confianza en los mercados provocaron una caída abrupta de la demanda mundial. Ante esta situación, los gobiernos del G-20 aplicaron políticas fiscales expansivas, incrementando el gasto en infraestructura, subsidios y programas de empleo. El FMI (2009) registró estímulos equivalentes al 2% del PIB combinado de los países miembros —cerca de 820 mil millones de dólares—, mientras que la OIT (2014) estimó que estas medidas preservaron aproximadamente 15 millones de empleos en el periodo inmediato. En ese contexto, el keynesianismo recobró vigencia al demostrar que la intervención pública coordinada podía evitar una depresión global más prolongada.
En el caso mexicano, la política económica siguió una línea similar, aunque con menor magnitud. El Banco de México (2008) reportó que el gobierno federal implementó un paquete fiscal expansivo y un manejo monetario flexible para contrarrestar los efectos de la recesión mundial. La inversión en infraestructura, los programas sociales y el estímulo al crédito fueron medidas orientadas a sostener el consumo interno y la estabilidad del empleo. Estas acciones reflejan, en el plano nacional, el principio keynesiano de que el Estado debe actuar como agente estabilizador ante los fallos del mercado, compensando la insuficiencia de la demanda privada y protegiendo los sectores más vulnerables.
Así, la teoría keynesiana no solo ofrece una interpretación de las crisis, sino también una guía para la acción pública. Su propósito no es abolir el mercado, sino corregir sus desajustes mediante la participación del Estado y de instituciones capaces de redistribuir el ingreso y fomentar la cohesión económica y social. En este punto se abre la conexión con el cooperativismo, entendido como una forma de organización económica que, al igual que las políticas keynesianas, prioriza la estabilidad, la redistribución y el bienestar colectivo por encima de la acumulación individual.
Mientras las políticas keynesianas operan desde la esfera macroeconómica, a través del gasto público, la regulación y la intervención fiscal, el cooperativismo actúa desde la esfera microeconómica y social, generando estabilidad local, empleo inclusivo y circulación interna del ingreso. Ambas perspectivas comparten la premisa de que el desarrollo sostenible y equitativo no puede depender exclusivamente del mercado, sino que requiere de mecanismos institucionales que orienten la economía hacia fines sociales. Por ello, el análisis de la Teoría Keynesiana y las fallas de mercado se convierte en el puente necesario para comprender cómo los principios cooperativos, abordados en el siguiente apartado, pueden funcionar como instrumentos de estabilización económica y cohesión social en el marco de una política económica integral.
1.3 El Principio de Membresía Cooperativa y el Retorno del Excedente desde una perspectiva Keynesiana.
El pensamiento keynesiano parte de la premisa de que los mercados no siempre logran un equilibrio pleno ni garantizan el empleo total. En contextos de crisis o recesión, la caída de la demanda agregada genera desempleo involuntario y disminuye el consumo interno (Keynes, 1936). Frente a estas fallas, las cooperativas —por su estructura democrática y su orientación social— pueden operar como instrumentos de estabilización económica local, complementando el papel del Estado. Dentro de este enfoque, dos elementos centrales del cooperativismo —el Principio de Membresía Cooperativa (PMC) y el Retorno del Excedente— adquieren relevancia al analizarse desde la lógica keynesiana.
1.3.1. El Principio de Membresía Cooperativa (PMC) y la Estabilidad Económica Local.
El PMC, establecido por la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), sostiene que la participación en una cooperativa es voluntaria y abierta a todas las personas capaces de utilizar sus servicios y aceptar las responsabilidades de la membresía (ACI, 1995). Este principio promueve la inclusión y la equidad en el acceso a los recursos productivos.
Desde una perspectiva keynesiana, el PMC contribuye a corregir fallas del mercado laboral. Al priorizar la generación de empleo estable y el bienestar colectivo por encima del lucro, las cooperativas amortiguan los efectos de las crisis, reduciendo el desempleo y manteniendo el ingreso local (Organización Internacional del Trabajo [OIT], 2014). A diferencia de las empresas tradicionales, que pueden reducir su plantilla ante una caída de la demanda, las cooperativas tienden a conservar a sus miembros trabajadores, redistribuyendo tareas o ajustando internamente los salarios. Este mecanismo interno actúa como un “estabilizador automático”, mitigando los impactos de la recesión sobre el consumo agregado, del mismo modo en que Keynes planteaba que el gasto público debía sostener la demanda efectiva en tiempos de crisis (Jahan et al., 2014).
Así, el PMC genera resiliencia económica local, pues mantiene activa la circulación del ingreso dentro de la comunidad. Las decisiones democráticas internas, además, fomentan la inversión colectiva y la reinversión de excedentes en proyectos productivos, reforzando el ciclo keynesiano de gasto–ingreso–consumo.
1.3.2. El Retorno del Excedente y la Redistribución del Ingreso
El retorno del excedente (o retorno cooperativo) es otro principio esencial: los excedentes generados no se distribuyen por capital invertido, sino en proporción a la participación económica de los socios (ACI, 1995). Este modelo implica una redistribución más equitativa del ingreso, alineada con el principio keynesiano de aumentar la propensión marginal a consumir (PMC) entre los hogares de menores ingresos.
Desde el punto de vista macroeconómico, el retorno del excedente tiene un efecto multiplicador similar al gasto público. Dado que las familias socias suelen tener una propensión al consumo mayor que las grandes corporaciones, el dinero devuelto a los miembros se transforma en nueva demanda efectiva (Fondo Monetario Internacional [FMI], 2009). Este flujo de consumo interno no solo refuerza la actividad económica local, sino que también amplifica el multiplicador keynesiano, ya que el ingreso se recircula reiteradamente dentro de la comunidad (Baum et al., 2012).
Además, el retorno del excedente contribuye a la estabilidad del ingreso disponible, reduciendo la vulnerabilidad financiera de los hogares cooperativistas. En tiempos de crisis, este mecanismo puede suavizar la caída del consumo, funcionando como un componente de estabilización económica descentralizada que complementa las políticas fiscales del Estado.
1.3.3. Cooperativismo y Política Económica desde Keynes
En conjunto, el PMC y el retorno del excedente convierten a las cooperativas en microestructuras de estabilización keynesiana. Al generar empleo inclusivo y redistribuir excedentes, fortalecen el consumo interno y sostienen la demanda agregada sin depender completamente del gasto público.
De esta manera, las cooperativas representan una extensión social y local del keynesianismo, aplicando sus principios —intervención, redistribución y estímulo de la demanda— en el ámbito comunitario.Como resume la OIT (2014), “las cooperativas, al priorizar a las personas sobre el capital, son actores esenciales para lograr un crecimiento inclusivo y sostenible, y cumplen un papel anticíclico en contextos de crisis”.
Capítulo 2: Marco Institucional: Las cooperativas en México.
2.1 Marco regulatorio: LGSC e INAES
2.1.1. Introducción a la necesidad de regulación
Toda organización y comunidad necesita de normas, para regular y hacer funcionar a las mismas, es por eso que las instituciones son parte fundamental para entender la conformación, objetivos, derechos y obligaciones de cada una.
El sector cooperativo financiero, y en particular las Sociedades Cooperativas de Ahorro y Préstamo (SOCAP), ha desempeñado un papel crucial en la inclusión económica y la movilización del ahorro en comunidades tradicionalmente excluidas del sistema bancario formal. Sin embargo, su crecimiento ha venido acompañado de una creciente complejidad financiera, lo cual ha generado la necesidad de establecer mecanismos regulatorios sólidos que garanticen tanto la solvencia institucional como la protección de los ahorradores.
De acuerdo con la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), la regulación de las cooperativas de ahorro y préstamo busca asegurar “la estabilidad del sistema financiero, la transparencia en la gestión y la protección de los socios frente a riesgos de operación y liquidez” (CNBV, 2023). Este enfoque responde a experiencias previas de inestabilidad financiera en el país, donde la falta de control normativo derivó en crisis de confianza y pérdidas patrimoniales, especialmente durante los procesos de liberalización económica de los años noventa (Pérez Caldentey, 2009).
Desde una perspectiva institucional, la regulación financiera cumple un doble propósito: por un lado, preserva la estabilidad macroeconómica; por otro, fortalece la confianza y sostenibilidad del sistema cooperativo (Stiglitz & Weiss, 1981). En el caso mexicano, la proliferación de cooperativas no reguladas durante las décadas de 1980 y 1990 evidenció la necesidad de establecer un marco legal diferenciado que reconociera su naturaleza social, sin dejar de exigir estándares prudenciales mínimos (García-Herrero & Martínez-Pería, 2007).
La Ley para Regular las Actividades de las Sociedades Cooperativas de Ahorro y Préstamo (LRASCAP), promulgada en 2001, representó el primer esfuerzo integral del Estado mexicano por integrar al sector cooperativo financiero dentro del marco del sistema financiero nacional, garantizando la protección del ahorro popular y la supervisión directa de la CNBV (DOF, 2001).
A su vez, esta ley buscó compatibilizar los principios cooperativos —autonomía, autogestión y beneficio social— con los requerimientos de estabilidad y transparencia que demanda la economía moderna (Instituto Nacional de la Economía Social [INAES], 2018).
2.1.2. La Ley General de Sociedades Cooperativas (LGSC)
La creación de esta ley, creada el 3 de agosto de 1994 por el presidente en turno Carlos Salinas de Gortari y última vez actualizada el 16 de abril de 2025, en esencia tiene una función específica que se describe desde el primer artículo de esta:
El Artículo 1 señala que sus disposiciones son de orden público, interés social y observancia general, lo que implica que su aplicación trasciende la vida interna de cada organización y forma parte de la estructura institucional del Estado mexicano (LGSC, 2025)
2.1.3. Tipos de cooperativas
Principalmente, existen 3 tipos de cooperativas: de consumo, de producción y de ahorro y préstamo.
“Artículo 21.- Forman parte del Sistema Cooperativo las siguientes clases de sociedades cooperativas:
I.- De consumidores de bienes y/o servicios, y
II.- De productores de bienes y/o servicios, y Fracción reformada DOF 04-06-2001
III.- De ahorro y préstamo.
1. Cooperativas de consumo
Reguladas en los Artículos 22 al 26, tienen como finalidad adquirir bienes y servicios en común para mejorar el poder adquisitivo de los socios. Estas cooperativas reducen la especulación en precios y permiten acceder a bienes esenciales bajo condiciones más favorables.
- Artículo 24: los excedentes se distribuyen según el volumen de adquisiciones de cada socio.
- Ejemplo: una cooperativa de vivienda que compra materiales al mayoreo para reducir costos de construcción.
2. Cooperativas de producción
Definidas en los Artículos 27 al 29, están integradas por socios que aportan trabajo para producir bienes o servicios. Su estructura responde a la democratización del proceso productivo, al otorgar propiedad colectiva sobre los medios de producción.
- Artículo 28: los excedentes se distribuyen según la cantidad y calidad del trabajo aportado, considerando factores como tiempo, nivel técnico o escolaridad.
- Ejemplo: Cooperativa Pascual o La Cruz Azul, donde los propios trabajadores gestionan la empresa.
3. Cooperativas de Ahorro y Préstamo (SOCAP)
Establecidas en los Artículos 33 Bis al 33 Bis 3, estas entidades realizan intermediación financiera entre sus socios:
- Artículo 33 Bis: mínimo 25 socios para constituirse.
- Artículo 33 Bis 2: uso exclusivo de denominaciones como caja popular, caja solidaria o cooperativa de ahorro.
- Artículo 33 Bis 3: solo las SOCAP pueden operar servicios de captación y colocación; ninguna otra cooperativa puede ofrecer ahorro y crédito.
Estas restricciones buscan proteger a la población ante organizaciones no reguladas o informales.
Órganos de gobierno (Artículos 34–35)
La LGSC establece que todas las cooperativas deben contar con:
- Asamblea General (autoridad suprema)
- Consejo de Administración
- Consejo de Vigilancia
En el caso de las SOCAP, se requieren, además:
- Comité de Crédito
- Comité de Riesgos
- Dirección o Gerencia General
- Auditor Interno
Estos mecanismos garantizan la transparencia y control interno, alineándose con prácticas prudenciales del sistema financiero (LGSC, 2025)
Equidad de género (Artículos 11 y 64)
La LGSC incorpora un principio de igualdad sustantiva: mujeres y hombres deben contar con iguales derechos y obligaciones al interior de la cooperativa. El Artículo 11 establece la igualdad de condiciones para las mujeres, mientras que el Artículo 64 obliga a garantizar su acceso, especialmente cuando sean responsables de un hogar.
Este enfoque busca promover una participación equitativa en espacios de gobernanza económica colectiva.
Participación estatal (Artículos 18 y 32)
La figura de “cooperativa de participación estatal” permite que entes gubernamentales se asocien con cooperativas para administrar servicios públicos o ejecutar proyectos de desarrollo económico. Esta disposición reconoce el potencial social del cooperativismo como agente de bienestar local (LGSC, 2025).
2.1.4. La Economía Social
“La economía social y solidaria (ESS) es un conjunto de iniciativas socioeconómicas y culturales que se basa en un cambio de paradigma basado en el trabajo colaborativo de las personas y la propiedad colectiva de los bienes se basa en un cambio de paradigma basado en el trabajo colaborativo de las personas y la propiedad colectiva de los bienes. La ESS busca generar relaciones de solidaridad y confianza, espíritu comunitario y participación en la sociedad, fortaleciendo procesos de integración productiva, de consumo, distribución y ahorro y préstamo para satisfacer las necesidades de sus integrantes y comunidades donde se desarrollan.
La ESS genera un modo solidario, justo y diferente de hacer economía, buscando una transformación social, y que puede ser aplicado a cualquier tipo de empresa o iniciativa. Una de las características más importantes de este modelo es que la propiedad es colectiva (todos son dueños), es decir, los socios centran su acción en el trabajo colaborativo, buscando un equilibrio entre resultados económicos y objetivos sociales, la gestión es autónoma y transparente entre todos los miembros y no está ligada directamente con el capital o aportaciones de cada socio, sino al bienestar en conjunto.
Es fundamental considerar que las empresas y emprendimientos con una lógica de economía social tienen la responsabilidad social de ser rentables y económicamente sostenibles. Los beneficios de este tipo de economía deben verse reflejados directamente en el territorio donde se encuentran ya que existen una serie de principios y valores que rigen la forma en que se rigen dichas iniciativas por mencionar algunos están: membresía voluntaria y abierta; control democrático de los miembros; educación, formación e información, entre otros.
El Sector Social de la Economía es aquel que agrupa a las diferentes formas de economía social que se encuentran en México. Éste es referido en el párrafo octavo del artículo 25 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos “Al desarrollo económico nacional concurrirán, con responsabilidad social, el sector público, el sector social y el sector privado”. Por su parte la Ley de la Economía Social y Solidaria (LESS) se refiere al sector social de la economía como uno de los pilares de la economía del país.
Dicho sector está conformado por los Organismos del Sector Social de la Economía (OSSE), señalados en la LESS son: los ejidos, comunidades, organizaciones de trabajadores, sociedades cooperativas, empresas que pertenezcan en su mayoritaria o exclusivamente a los trabajadores y en general todas las formas de organización social para la producción, distribución y consumo de bienes y servicios socialmente necesarios.” (INAES, 2025)
2.1.5. Marco Regulatorio Dual (Énfasis en las SOCAP)
El sistema regulatorio mexicano aplicable a las cooperativas de ahorro y préstamo presenta una estructura dual, en la que confluyen dos dimensiones normativas principales:
- La dimensión financiera, bajo la supervisión de la CNBV y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).
- La dimensión social y de fomento, a cargo del Instituto Nacional de la Economía Social (INAES) y la Ley de la Economía Social y Solidaria (LESS).
Este marco dual tiene como objetivo equilibrar las exigencias prudenciales y de solvencia con los principios cooperativos de inclusión y desarrollo social, reconociendo la doble naturaleza de las SOCAP como entidades financieras y sociales (Cruz, 2016).
En la dimensión financiera, la CNBV establece normas sobre gobierno corporativo, administración de riesgos, y límites operativos, garantizando la estabilidad del sistema (CNBV, 2023). Las SOCAP deben inscribirse en el Registro Nacional de Cooperativas Autorizadas y cumplir con criterios de capitalización, reservas y auditorías periódicas (DOF, 2001). Además, el Fondo de Protección de Sociedades Cooperativas de Ahorro y Préstamo (FOCOOP) actúa como mecanismo de respaldo ante posibles insolvencias, proporcionando seguridad a los socios y fortaleciendo la credibilidad del sistema (FOCOOP, 2020).
En la dimensión social, la LESS (2012) e INAES promueven el fortalecimiento de las cooperativas mediante programas de capacitación, financiamiento y articulación productiva. Según el INAES (2018), esta dimensión busca preservar “el carácter social y solidario de las cooperativas frente a las lógicas del mercado financiero tradicional”. De esta manera, el marco regulatorio dual responde a la necesidad de mantener un equilibrio entre la eficiencia financiera y los principios de equidad y participación democrática que caracterizan a las cooperativas.
Este modelo, aunque complejo, ha permitido que las SOCAP alcancen una mayor integración en el sistema financiero nacional sin perder su misión social. Según la CNBV (2023), el sector cooperativo de ahorro y préstamo en México agrupa más de 150 entidades autorizadas, con más de 10 millones de socios, lo que representa una proporción significativa de inclusión financiera en comunidades rurales y de bajos ingresos.
No obstante, diversos estudios señalan que el reto del marco regulatorio dual reside en armonizar los requerimientos técnicos de la CNBV con la flexibilidad necesaria para que las cooperativas mantengan su enfoque solidario (Pérez-López, 2021). La excesiva carga administrativa puede desalentar la creación de nuevas cooperativas o limitar su expansión, mientras que una regulación insuficiente pondría en riesgo la estabilidad y confianza del sistema.
2.2 Contexto sectorial: las cooperativas en México.
2.2.1 El ecosistema cooperativo nacional: tipología.
El cooperativismo en el ámbito mexicano, su definición legal al ser un elemento fundamental de la Economía Social y Solidaria (ESS). Su propósito no se basa en la redistribución de la riqueza, sino también en su redistribución conforme al uso y las necesidades de sus miembros, lo que se distingue a nivel estructural del capital privado. La base de este ecosistema se fundamenta en valores universales como la ayuda mutua, la responsabilidad, la democracia y la igualdad. (INAES, 2020)
La relevancia del sector cooperativo radica en su capacidad para promover el desarrollo económico “desde abajo”, concepto que relaciona con los mecanismos de demanda efectiva en la teoría keynesiana, Las cooperativas movilizan los recursos internos, refuerzan la cultura empresarial local y fundamentalmente, retienen a la población y capital en la comunidad. (Confecoop, 2023)
Para comprender el impacto económico, es crucial partir de la clasificación legal que establece con la Ley General de Sociedades Cooperativas (LGSC). Esta clasificación organiza la actividad según el objetivo social, que revela la diversidad de fallas de mercado que el cooperativismo procura abordar en el país:
A. Cooperativas de consumo.
Estas cooperativas se enfocan en la compra y distribución de bienes y servicios (vivienda, salud, provisiones) para el consumo de sus miembros. Su función principal es subsanar la falla de mercado en el consumo, mitigando los efectos de los precios monopolísticos o la especulación que afectan el poder adquisitivo de las familias.
La eficiencia en la provisión de bienes de consumo permite a los integrantes disminuir su gasto indispensable, liberando así una mayor parte de su ingreso disponible, lo que traduce en un aumento de su propensión marginal a consumir (PMC) para otros propósitos.
B. Cooperativas de producción de bienes y/o servicios.
Formadas por miembros que contribuyen con su trabajo de producción colectiva, el cual sirven como un mecanismo de defensa para los trabajadores ante la explotación e inestabilidad laboral.
Su función es corregir la falla de mercado en el ámbito laboral. Al ser los empleados los propietarios de los medios de producción, en periodos de recesión, la prioridad se centra en la estabilidad del empleo en lugar de maximizar las utilidades para un tercero. Esto las convierte en estabilizadores del mercado laboral a nivel microeconómico, un elemento fundamental para mantener la demanda agregada local. Este modelo es factible no solamente para la redistribución financiera, sino también para asegurar la estabilidad del empleo y autonomía productiva de los trabajadores (Gómez García, 2015)
2.2.2 Clasificación y análisis del impacto sectorial.
La clasificación legal de la LGSC refleja el panorama productivo que hay en México, en donde cada tipo de cooperativa se inserta en un sector especifico (De Economía, s.f.), demostrando que el modelo logra contrarrestar las distintas fallas de estructura dentro del mercado.
- Cooperativas de consumo
Estas cooperativas agrupan socios con el fin de adquirir bienes o servicios de forma colectiva. En México, este sector ha tenido una presencia significativa, especialmente en servicios básicos como vivienda, tiendas de abasto, etc.
- Ejemplos en México: Cooperativas de vivienda, servicios educativos o aquellas enfocadas en la compra de insumos agrícolas para sus miembros.
- Impacto anticíclico: El rol en el desarrollo endógeno reside en su capacidad para reducir el gasto de los hogares. Al eliminar el margen de ganancia del intermediario, el socio dispone de una mayor parte de su ingreso para consumo o inversión, Esta corrección de falla de mercado en el consumo (elevación de precios) eleva la propensión marginal a consumir (PMC) del hogar contribuyendo la estabilidad de la demanda efectiva.
- Cooperativas de producción.
Estas cooperativas están integradas al sector secundario y terciario del país, el cual abarca desde la industria manufacturera hasta los servicios de transporte (Arauz, 2025). Su característica define que los trabajadores son los dueños y gestores de la empresa.
- Ejemplos en México: la cementera Cooperativa la Cruz Azul y la productora de bebidas Pascual Boing, entre otras cooperativas agrícolas y pesqueras.
- Impacto anticíclico: El mecanismo de estabilidad se centra en el mercado laboral. En periodos de contracción económica o crisis sectoriales, las cooperativas de producción demuestran un comportamiento microeconómico contraciclico. En lugar de recurrir al despido masivo (las empresas de capital protegen la rentabilidad de los accionistas), ellos suelen optar por reducir horas de trabajo y reinvertir el excedente un lugar de distribuirlo o ajustar las remuneraciones de los socios. Este esfuerzo garantiza la autonomía productiva y permanencia de la fuente de empleo, actuando, así como un amortiguador social y económico (Gómez García, 2015(
- Cooperativas de ahorro y préstamo (SOCAP)
Estas cooperativas son el punto de convergencia entre los principios éticos cooperativos e intermediación financiera. El origen es una respuesta a la falla de mercado de exclusión financiera en México, el cual ofrece servicios de ahorro y crédito a la población desatendida por la banca comercial.
- Ejemplos en México: Se encuentran la Caja Popular Mexicana o Caja Morelia Valladolid, el cual gestionan activos multimillonarios, atendiendo socios en zonas rurales o urbanas con bajos ingresos.
- Impacto anticíclico: la SOCAP es el modelo más relevante en este trabajo por el vínculo directo con la liquidez y el multiplicador keynesiano. La capacidad del ahorro local y colocar el crédito asegura que el capital recircule en el territorio y esta función financiera se vuelve estabilizadora por:
- Sostener el crédito: En recesiones las SOCAP tienden a ser más estables que las bancas privadas en su colocación crediticia, manteniendo el flujo de financiamiento a pequeñas empresas y familias
- Maximiza el PMC: El retorno de sus excedentes financieros a socios de alta PMC garantiza que estos fondos sean destinados al consumo y no al ahorro, estimulando a la demanda efectiva en el momento en que más se necesita.
La delimitación de esta investigación a las Sociedades Cooperativas de Ahorro y Préstamo (SOCAP), en lugar de extender el análisis a las cooperativas de consumo o producción, esto responde a una necesidad metodológico y cuantificación empírica.
Las SOCAP, además de estar regidas por la LGSC que asegura su naturaleza social y democrática, también están sujetas a la Ley para Regular las Actividades de las SOCAP, lo que las coloca bajo la supervisión de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV). Este marco regulatorio dual garantiza que los datos financieros de las SOCAP sean fiables, auditables y crucialmente comparables (hablando de términos de solvencia, liquidez y gestión de riesgo)
El objeto social de las SOCAP al ser la intermediación financiera las convierte en el objeto de estudio para probar la hipótesis keynesiana. Las ideas centrales de nuestro trabajo -liquidez, crédito y flujo de capital- son medibles a través de su cartera crediticia y sus índices de capitalización. Mientras que el impacto de las cooperativas de consumo y producción es difuso (reducción de precios o estabilidad de empleo) el impacto de las SOCAP en la demanda agregada es un flujo monetario.
La especialización en las SOCAP se justifica por el hecho de que su regulación y naturaleza financiera proveen las variables cuantificables y comparables necesarias para contrastar empíricamente la hipótesis del comportamiento contraciclico del modelo cooperativo frente a la banca tradicional durante periodos de crisis.
2.2.3. Insuficiencia institucional del sector cooperativo
A pesar de la probada resiliencia y el potencial contracíclico de las SOCAP, la capacidad del sector cooperativo para incidir en la economía nacional como un motor macroeconómico dominante se ve obstaculizada por una serie de limitaciones estructurales e insuficiencias institucionales. Estas barreras reducen el potencial de crecimiento y la competitividad del modelo en el ecosistema financiero mexicano.
2.2.4. Segmentación, restricciones de capitalización.
El sector se caracteriza por una marcada segmentación, existiendo una brecha operativa entre las grandes cooperativas autorizadas y supervisadas por la CNBV (Nivel IV), que concentran la vasta mayoría de los activos, y los centenares de pequeñas cajas de ahorro comunitarias que operan bajo un esquema de Nivel Básico. Esta segmentación no solo genera riesgos de protección al ahorrador en el segmento no regulado, sino que desvía recursos de supervisión y limita la consolidación del sector.
La segunda limitación es la restricción en la capitalización y el acceso al fondeo externo. Dada su naturaleza jurídica de propiedad colectiva sin fines de lucro, las SOCAP no pueden emitir acciones ni recibir inversiones de capital privado. Su crecimiento depende de la reinversión de excedentes y de las aportaciones de sus socios, lo cual resulta insuficiente para: a) Afrontar grandes planes de expansión; b) Absorber choques económicos severos; y c) Competir en volumen de activos con la banca comercial. Esta barrera regulatoria, si bien protege la identidad cooperativa, reduce su flexibilidad financiera y limita el volumen de crédito que pueden inyectar en la economía local.
2.2.5. Desafío de digitalización y penetración de mercado
Otro reto central es la brecha tecnológica. El alto costo de implementar plataformas de banca móvil, ciberseguridad avanzada y sistemas core eficientes representa una barrera casi infranqueable para las SOCAP medianas y pequeñas, que no cuentan con las economías de escala de la banca. Esta dificultad limita su capacidad para: 1) Mejorar la eficiencia operativa y reducir costos; y 2) Atraer y retener a los socios jóvenes en un mercado crecientemente digitalizado.
Finalmente, si bien las SOCAP tienen una gran importancia en la inclusión financiera, su penetración en el sistema financiero global sigue siendo modesta. Sus activos conjuntos representan un porcentaje reducido del PIB, lo que implica que, a nivel agregado, el impacto de su comportamiento contracíclico, por más virtuoso que sea, es sistémicamente limitado por el tamaño del sector.
2.2.6. Inconsistencia en el Fomento Estatal y Apoyo Institucional
A pesar de la importancia económica y social del sector cooperativo en México, el fomento estatal hacia las organizaciones de ahorro y préstamo ha sido históricamente intermitente, fragmentado y con resultados limitados. Esta inconsistencia contrasta con la rigurosidad de la supervisión financiera ejercida por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), generando un desequilibrio institucional que afecta la capacidad de las SOCAP para consolidarse como actores relevantes del sistema financiero nacional.
En teoría, el Instituto Nacional de la Economía Social (INAES) es el organismo responsable de promover, acompañar y fortalecer al sector cooperativo. Sin embargo, en la práctica, su actuación ha estado marcada por restricciones presupuestales, discontinuidad administrativa, programas de corto alcance y una limitada capacidad para ofrecer asistencia técnica especializada. Esta situación es particularmente crítica en un sector que requiere apoyo permanente en áreas como profesionalización, gestión de riesgos, gobernanza corporativa, auditoría interna y transformación digital. La falta de una política pública continua provoca que muchas cooperativas —sobre todo las pequeñas y medianas— enfrenten dificultades estructurales que limitan su desarrollo institucional.
La asimetría se profundiza cuando se compara el fomento estatal insuficiente con las exigencias prudenciales estrictas que la CNBV impone para garantizar la solvencia del sistema financiero. Mientras que las SOCAP deben cumplir con normas de capitalización, reservas preventivas, reportes regulatorios, controles internos y estándares tecnológicos similares a los de la banca tradicional, no reciben apoyos equivalentes para alcanzar dichos estándares. Esta desigualdad genera un proceso de exclusión gradual, donde solo un conjunto reducido de cooperativas logra cumplir plenamente con la supervisión, mientras que decenas operan bajo niveles básicos o quedan fuera del proceso de autorización.
Como consecuencia, el sector presenta brechas significativas entre cooperativas grandes y autorizadas —que concentran la mayoría de los activos— y cooperativas pequeñas con insuficiente infraestructura técnica, tecnológica y de capital humano. Esta fragmentación limita la eficiencia del sector, afecta la confianza pública y reduce su capacidad para competir frente a la banca comercial y las instituciones financieras tecnológicas (fintech). Además, la ausencia de inversión pública en digitalización impide que una parte importante del sector adopte plataformas modernas de banca móvil y sistemas bancarios, lo que las deja en desventaja en un entorno financiero crecientemente digital.
Desde una perspectiva keynesiana, esta inconsistencia en el fomento estatal tiene implicaciones macroeconómicas importantes: debilita el potencial contracíclico del sector cooperativo, pues restringe su capacidad para expandir el crédito en tiempos de crisis, sostener la demanda efectiva de los hogares de alta propensión marginal a consumir y actuar como estabilizadores económicos locales. Sin una política pública integral, sostenida y coordinada entre la CNBV, la SHCP y el INAES, el sector cooperativo financiero no podrá cumplir plenamente su función de apoyo al ingreso y al consumo en las comunidades donde opera.
En síntesis, la carencia de un fomento estatal coherente —combinada con una regulación estricta— ha creado un entorno institucional desequilibrado que limita el crecimiento, la modernización y el impacto macroeconómico de las SOCAP. Para que el sector pueda desarrollar su potencial inclusivo y estabilizador, se requiere una política de Estado que articule supervisión prudencial, financiamiento para tecnología, capacitación técnica y fortalecimiento institucional como pilares complementarios de un mismo ecosistema cooperativo.
La regulación prudencial garantiza solvencia, pero sin un acompañamiento de fomento, las SOCAP más pequeñas quedan atrapadas en un círculo de insuficiencia institucional que limita su competitividad
Así, aunque las SOCAP muestran resiliencia contracíclica, su capacidad de incidir en la estabilidad macroeconómica nacional se ve restringida por su escala y rezago tecnológico
Capítulo 3: Análisis de los índices.
Este capítulo presenta un estudio cuantitativo sobre los principales indicadores financieros del sector de Sociedades Cooperativas de Ahorro y Préstamo (SOCAP) en México durante el periodo 2009-2011, inmediatamente posterior a la crisis financiera global de 2008-2009. El objetivo es analizar si, en esos años, las SOCAP funcionaron como mecanismos de estabilización desde un enfoque keynesiano, en particular por su capacidad para mantener el crédito y la liquidez en las comunidades, sostener la demanda efectiva de los hogares socios y atenuar los efectos del ciclo económico recesión-recuperación.
Aunque en un principio se estableció un límite temporal que incluía los años 2008 y 2009, no fue viable crear indicadores oficiales para el año 2008. La Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) solo empezó a difundir información regulatoria consolidada de las SOCAP desde 2009; en 2008, el proceso de autorización y supervisión estaba aún en transición, lo que resulta en la ausencia de una base de datos uniforme para todo el sector.
Los indicadores seleccionados: número de socios, sucursales e instituciones; activos, cartera de crédito, pasivos, capital contable y resultado neto; así como los índices de morosidad (IMOR), rentabilidad (ROA, ROE) y capitalización (NICAP) que permiten evaluar, desde la teoría keynesiana, tres dimensiones centrales:
a) si el crédito hacia hogares y pequeñas unidades productivas se mantuvo, alimentando la demanda efectiva
b) si la expansión de la cartera de crédito y de los activos puede interpretarse como un aumento de la inversión
c) si los niveles de capitalización y el control de la morosidad reflejan una gestión de la preferencia por la liquidez compatible con la estabilidad financiera.
Con base en los boletines de diciembre de los años 2009-2011 para el sector total, se observa lo siguiente. En el año 2009 operaban 42 instituciones autorizadas de SOCAP que reportaban información a la CNBV. En conjunto atendían a 2.86 millones de socios a través de 717 sucursales, con activos totales cercanos a 36,982 millones de pesos y una cartera de crédito de 28,415 millones. A pesar de mostrar un índice de capitalización holgado (160.68%), el sector cerró el año con pérdida neta y tasas de morosidad relativamente elevadas (IMOR de 8.78%), reflejo de los efectos rezagados de la crisis de 2008-2009 sobre la cartera de crédito.
Tabla 1. Principales indicadores del sector SOCAP, 2009-2011
| Indicador | 2009 | 2010 | 2011 |
| Número de instituciones (SOCAP) | 42 | 56 | 63 |
| Número de socios | 2,858,166 | 3,500,088 | 3,746,251 |
| Número de sucursales | 717 | 1,053 | 1,151 |
| Activos totales (miles de pesos) | $36,981,790 | $51,376,609 | $56,833,536 |
| Cartera de crédito total (miles de pesos) | $28,414,656 | $41,228,721 | $41,857,629 |
| Pasivos totales (miles de pesos) | $32,503,379 | $44,489,262 | $48,405,754 |
| Capital contable (miles de pesos) | $4,478,411 | $6,887,347 | $7,693,846 |
| Resultado neto (miles de pesos) | -$360,865 | $418,278 | $733,937 |
| IMOR (%) | 8.78% | 7.14% | 6.21% |
| ICOR (%) | 90.07% | 103.28% | 106.69% |
| ROA (%) | -0.98% | 0.81% | 1.29% |
| ROE (%) | -8.06% | 6.07% | 9.54% |
| NICAP (%) | 160.68% | 186.75% | 220.75% |
Entre 2009 y 2011 el número de instituciones autorizadas pasó de 42 a 63 sociedades, mientras que la base social aumentó de 2.86 a 3.75 millones de socios, lo que implica un crecimiento cercano a un tercio en sólo tres años. De la red física de atención se expandió de 717 a 1,151 sucursales, reforzando la presencia territorial de las SOCAP.
En términos financieros, los activos totales del sector crecieron de alrededor de 36.9 a 56.8 mil millones de pesos y la cartera de crédito lo hizo de 28.4 a 41.9 mil millones (en miles de pesos), lo que sugiere una expansión importante del volumen de intermediación. Al mismo tiempo, los indicadores de riesgo y desempeño muestran una mejora: el índice de morosidad (IMOR) se redujo de 8.78% a 6.21%, mientras que la rentabilidad pasó de valores negativos en 2009 (ROA –0.98%, ROE –8.06%) a tasas positivas en 2011. El nivel de capitalización (NICAP) se mantuvo holgado y aumentó de 160.68% a 220.75%, lo que indica que, a pesar de los efectos rezagados de la crisis, el sector cooperativo fortaleció su posición de capital y saneó gradualmente su cartera
Desde la teoría keynesiana, estos indicadores permiten observar tres dimensiones. Primero, el aumento de activos, cartera de crédito y número de socios refleja un fortalecimiento de la demanda efectiva, pues el crédito cooperativo se dirige a hogares y pequeñas unidades productivas con alta propensión marginal a consumir (PMC), lo que amplifica el multiplicador del gasto. Segundo, el crecimiento de la cartera de crédito puede interpretarse como un aumento de la eficiencia marginal del capital de los proyectos financiados por las SOCAP, en la medida en que se siguen aprobando inversiones aun después de la crisis. Tercero, la combinación de menor IMOR, mayor ROA y un NICAP holgado indica una gestión prudente de la preferencia por la liquidez: las cooperativas mantienen reservas suficientes para enfrentar el riesgo, sin frenar completamente el flujo de crédito hacia la economía real.
Tabla 2. Índice de socios, sucursales e instituciones del sector SOCAP (2009 = 100)
| Año | Socios | Índice socios | Sucursales | Índices sucursales | Instituciones | Índice instituciones |
| 2009 | 2,858,166 | 100 | 717 | 100 | 42 | 100 |
| 2010 | 3,500,088 | 122 | 1,053 | 147 | 56 | 133 |
| 2011 | 3,746,251 | 131 | 1,151 | 161 | 63 | 150 |
Para comparar la evolución de distintos indicadores de tamaño del sector (socios, sucursales e instituciones) se construyó un índice con base 2009 = 100. Este año se tomó como referencia porque es el primer año con información oficial consolidada de las SOCAP.
El índice se calculó con la formula:
Donde t representa cada año del periodo 2010-2011 y 2009 se toma como año base. Por ejemplo, para el número de socios en 2010:
De esta manera se calcularon los índices de socios, sucursales e instituciones para 2011, cuyos resultados se presentan en la Tabla 2. De este modo, un valor de 122 en 2010 para el índice de socios indica que el número de socios es 22% mayor que en 2009; un valor de 161 en 2011 y para el índice de sucursales significa que la red de sucursales es 61% más grande que en el año base.
Gráfica 1. Evolución relativa de socios, sucursales e instituciones del sector SOCAP (2009 = 100)

Esta gráfica muestra que, aunque el número de socios creció 31% entre 2009 y 2011, la expansión fue más intensa en sucursales (61%) y en instituciones (50%), es decir, la infraestructura física y número de entidades cooperativas aumento más rápido que la base social, lo que sugiere un proceso de consolidación y formalización del sector SOCAP en los años posteriores a la crisis.
En términos keynesianos, esta expansión de la infraestructura cooperativa puede entenderse como una ampliación de los “canales” por los que opera el multiplicador del gasto: cada nueva sucursal es un punto donde el ahorro se transforma en crédito y donde el ingreso se recircula localmente. Aunque la membresía crece a un ritmo algo menor (31%), la red física más densa permite que, en fases recesivas del ciclo económico, exista una base institucional más amplia para sostener el flujo de crédito y, con ello, la demanda efectiva en los territorios donde la banca comercial tiene poca presencia.
Gráfica 2. Cartera de crédito total del sector SOCAP (miles de pesos, 2009 – 2011)

Entre los años 2009 al 2011 el tamaño financiero del sector SOCAP mostro un crecimiento significativo. Los activos totales aumentaron de $36,981 a $56,834 millones de pesos, es decir, alrededor de 54% en 3 años. La cartera de crédito total paso de $28,415 a $41,858 millones de pesos, lo que implica un incremento cercano a 47% y el capital contable lo hizo en torno a 72% reflejando un fortalecimiento patrimonial del sector. Además, el resultado neto acumulado cambió de una pérdida de $-360 millones de pesos en 2009 a utilidades por más de 733 millones en 2011, lo que indica que las cooperativas no solo recupero el nivel de operación posterior a la crisis, sino que mejoro su desempeño financiero agregado.
El aumento de casi 47% en la cartera de crédito total entre 2009 y 2011 es relevante para la hipótesis keynesiana de nuestra investigación. En la medida en que los beneficiarios de estos créditos son, en su mayoría, hogares y pequeñas unidades productivas con alta propensión marginal a consumir, la expansión del crédito cooperativo implica un impulso directo a la demanda efectiva en las regiones donde operan las SOCAP. A diferencia del comportamiento procíclico típico de la banca, el sector cooperativo mantuvo y amplió el flujo de recursos hacia el consumo y la inversión productiva de pequeña escala. En términos de Keynes, las SOCAP lograron sostener una eficiencia marginal del capital suficiente para seguir otorgando créditos, al tiempo que administraron su preferencia por la liquidez mediante elevados niveles de capital y provisiones, evitando que el miedo a la morosidad paralizara completamente el crédito.
Gráfica 3. Evolución del índice de morosidad (IMOR) y (ROA) del sector SOCAP, 2009-2011.

La Gráfica 3 muestra que el índice de morosidad del sector SOCAP disminuyo de 8.78% en 2009 a 6.21% en 2011, mientras que la rentabilidad sobre activos (ROA) paso de -0.98% a 1.29% en el mismo periodo. Esta combinación de menor cartera vencida y ROA positivo nos indica un proceso de mejora financiera y un mejor desempeño del sector cooperativo después de la crisis.
En la lógica del ciclo económico descrita por Keynes, el comportamiento de las SOCAP se parece al de un estabilizador automático descentralizado: cuando la economía sale de la recesión de 2009, las cooperativas no solo evitan una contracción brusca del crédito, sino que lo expanden de manera gradual, permitiendo que el ingreso de los socios se recupere sin interrumpir la intermediación financiera en las regiones donde operan.
El análisis de los indicadores prudenciales muestra que el sector SOCAP mantuvo durante el periodo posterior a la crisis de 2008–2009 una posición financiera notoriamente sólida, especialmente en términos de capitalización, calidad de cartera y cobertura de riesgos. Esta solidez se aprecia al comparar la evolución de los principales indicadores: el Índice de Morosidad (IMOR), el Retorno sobre Activos (ROA) y el Nivel de Capitalización (NICAP), los cuales, en conjunto, reflejan la capacidad de las cooperativas para sostener sus operaciones crediticias y preservar su solvencia en un entorno económico adverso.
En primer lugar, el IMOR registró una tendencia descendente durante el periodo analizado, a pesar de que la economía mexicana experimentó un deterioro generalizado en el portafolio crediticio del sector financiero tras la crisis. Mientras que en instituciones bancarias la morosidad aumentó particularmente en el segmento de consumo, las SOCAP lograron contener y posteriormente reducir su cartera vencida. Esto evidencia que su modelo de proximidad social, evaluación contextual del crédito y relación directa con los socios permitió amortiguar los riesgos crediticios. Comparativamente, el comportamiento del IMOR en las cooperativas fue más estable que el del sistema bancario, lo que sugiere una mejor capacidad para gestionar riesgos en mercados locales y vulnerables.En segundo lugar, el ROA mostró una recuperación paulatina posterior a la crisis, pasando de niveles reducidos a un rendimiento moderado pero sostenido. Aunque el ROA de las SOCAP se mantuvo por debajo del promedio bancario —lo cual es esperable dadas sus limitaciones estructurales y su naturaleza no lucrativa— su evolución es relevante porque demuestra que las cooperativas lograron restaurar su eficiencia operativa sin comprometer su accesibilidad crediticia. Es decir, no tuvieron que sacrificar inclusión financiera para recuperar rentabilidad, a diferencia de instituciones comerciales que redujeron líneas de crédito, incrementaron requisitos y restringieron colocaciones durante la recuperación económica. El comportamiento del ROA confirma, por tanto, un proceso de estabilización gradual, apoyado en la reinversión de excedentes y en estrategias prudenciales de administración de recursos.
Nivel de capitalización y cobertura de riesgos.
El análisis del NICAP refuerza esta lectura. Durante todo el periodo, las SOCAP mantuvieron un nivel de capitalización muy superior al mínimo regulatorio establecido por la CNBV. El NICAP pasó de 160.68% en 2009 a 220.75% en 2011, mostrando un incremento de más de 60 puntos porcentuales en apenas tres años. Esta expansión del capital neto no solo evidencia la solidez estructural del sector, sino que también contrasta con las dificultades de capitalización que enfrentaron numerosas instituciones financieras en América Latina tras la crisis global. Mientras algunos intermediarios debieron ser apoyados con líneas de liquidez o inyecciones de capital externo, las SOCAP —por diseño institucional— no dependen de capital privado ni de rescates gubernamentales, sino de aportaciones de socios y excedentes acumulados. Este elemento adquiere especial importancia en términos comparativos, pues revela que el modelo cooperativo opera con una lógica de resiliencia interna distinta a la banca tradicional.
La cobertura de riesgos, medida a través del ICOR, complementa esta imagen de fortaleza. El índice aumentó de 90.07% en 2009 a 106.69% en 2011, superando el umbral del 100% y señalando que las provisiones constituidas por las cooperativas fueron suficientes para cubrir la totalidad de la cartera vencida. Este resultado es consistente con la evidencia de que las cooperativas adoptaron una postura más conservadora que otros intermediarios financieros frente al deterioro económico, reforzando sus reservas y manteniendo políticas prudenciales para absorber potenciales pérdidas. Nuevamente, el contraste con el sector bancario es significativo: mientras muchas instituciones comerciales redujeron exposición crediticia para proteger capital, las SOCAP fortalecieron reservas y, simultáneamente, sostuvieron su ritmo de colocación de crédito, una combinación que resulta atípica en periodos de contracción económica.
Desde una perspectiva teórica, la convergencia de estos indicadores —IMOR estable o descendente, ROA recuperándose gradualmente, NICAP muy por encima del mínimo, e ICOR superior al 100%— respalda la interpretación keynesiana del papel de las cooperativas como agentes financieros anticíclicos. Las SOCAP lograron mantener liquidez suficiente para enfrentar obligaciones inmediatas, al tiempo que continuaron canalizando crédito hacia hogares con alta propensión marginal a consumir, microempresarios locales y regiones con acceso limitado al sistema bancario. Esto implica que, en lugar de retraerse ante la incertidumbre —como usualmente predice la teoría de la preferencia por la liquidez en intermediarios tradicionales— las cooperativas sostuvieron el flujo de recursos donde más se requería para estimular la demanda efectiva.
La evolución de los indicadores también permite establecer una conexión directa con la teoría keynesiana, ya que cada uno refleja mecanismos concretos de estabilización económica. La disminución del IMOR implica una mayor estabilidad del crédito, lo cual contribuye al sostenimiento de la demanda efectiva, puesto que los hogares y pequeñas unidades productivas mantienen acceso continuo a financiamiento para consumo e inversión básica. Paralelamente, la recuperación gradual del ROA señala una mejora en la utilización de activos y en la eficiencia operativa, lo que se traduce en una reactivación de la inversión, indispensable para impulsar la producción y dinamizar la actividad económica local. Finalmente, el incremento del NICAP demuestra una gestión adecuada de la preferencia por la liquidez, ya que las cooperativas lograron equilibrar la necesidad de mantener reservas preventivas con la continuidad del crédito, generando un entorno de estabilidad financiera que reduce incertidumbre y favorece la recuperación económica. En conjunto, estos indicadores muestran cómo las SOCAP activaron mecanismos microeconómicos alineados con los principios keynesianos de estabilidad, gasto y liquidez.
3.1. Otros indicadores
La incorporación de indicadores macroeconómicos externos permite contextualizar el desempeño de las SOCAP dentro del ciclo económico nacional y fortalecer la argumentación sobre su papel contracíclico. El Producto Interno Bruto (PIB) de México experimentó una de las caídas más pronunciadas de su historia reciente durante la crisis global, registrando una contracción cercana al –5.3% en 2009, derivada principalmente del colapso del comercio internacional, la disminución de remesas y la caída del empleo formal (INEGI, 2014; Banco de México, 2010). Sin embargo, la economía nacional mostró una recuperación significativa en los años siguientes, con un crecimiento aproximado de 5.1% en 2010 y 3.9% en 2011, impulsado por la reactivación industrial y un incremento en la demanda externa (OCDE, 2012).
Cuando se contrastan estas tendencias con el comportamiento de los activos y la cartera de crédito del sector cooperativo, se observa que las SOCAP no replicaron la profundidad de la caída económica nacional, sino que mostraron un crecimiento sostenido durante 2009–2011. Mientras el PIB se contrajo en 2009, los activos cooperativos continuaron expandiéndose y la cartera de crédito mantuvo su trayectoria ascendente, incluso en segmentos tradicionalmente sensibles al ciclo, como microcrédito y consumo popular. Esta divergencia sugiere que el dinamismo de las cooperativas respondió a factores estructurales distintos a los de la banca comercial, en particular su vinculación territorial, su proximidad con los socios y su menor exposición a mercados financieros internacionales.
Asimismo, el hecho de que el crédito cooperativo creciera en momentos en los que el PIB se contraía refuerza la interpretación de las SOCAP como estabilizadores automáticos descentralizados, capaces de sostener liquidez y financiamiento en comunidades donde la banca privada redujo su presencia o restringió sus colocaciones. En términos macroeconómicos, esta dinámica implica que las SOCAP contribuyeron a suavizar la caída de la demanda interna, particularmente en hogares con alta propensión marginal a consumir, un mecanismo plenamente consistente con la lógica keynesiana de estímulo al gasto durante fases recesivas. Por ello, la comparación entre PIB nacional y desempeño cooperativo no solo enriquece el análisis empírico, sino que también visibiliza la relevancia sistémica del sector en la estabilización del ciclo económico mexicano tras la crisis de 2008–2009.
La investigación sugiere que, aunque el crecimiento de las SOCAP fue robusto y constante incluso durante la caída del -5.3% del PIB en 2009, su papel debe entenderse principalmente como localizado y comunitario por las siguientes razones:
Escala frente al PIB: A pesar de su dinamismo, los activos conjuntos de las SOCAP representan un porcentaje reducido del Producto Interno Bruto nacional. Esto significa que, a nivel macroeconómico, su capacidad para “mover la aguja” de la economía total es limitada por el tamaño del sector.
Enfoque en la exclusión: Su éxito radica en atender mercados donde la banca comercial se retrae o simplemente no opera. Por ello, su impacto es profundo y vital en términos microeconómicos para las comunidades rurales y urbanas de bajos ingresos, pero no llega a ser un motor macroeconómico dominante en el país.
Para que las SOCAP tuvieran un impacto sistémico más amplio, tendrían que superar barreras institucionales que actualmente las mantienen en una esfera más pequeña:
Restricciones de capitalización: Al ser de propiedad colectiva, no pueden recibir inversiones de capital privado ni emitir acciones, lo que limita su volumen de crédito en comparación con los grandes bancos.
Segmentación operativa: Existe una gran brecha entre unas pocas cooperativas grandes (Nivel IV) y cientos de cajas comunitarias pequeñas que operan con recursos limitados.
Rezago tecnológico: La dificultad para adoptar plataformas digitales avanzadas restringe su capacidad para atraer a sectores más amplios de la población y competir en el sistema financiero global.
En lugar de ver su carácter localizado como una debilidad, el texto puede precisar que las SOCAP funcionan como redes de seguridad territorial.
“Mientras la banca tradicional actúa de forma procíclica (amplificando las crisis al retirar el crédito), las SOCAP operan como estabilizadores automáticos descentralizados que mantienen el flujo de recursos precisamente donde la vulnerabilidad es mayor”.
Por tanto, podemos decir que el impacto de las SOCAP es cualitativamente superior pero cuantitativamente modesto. Son “gigantes” en las comunidades donde operan —sosteniendo la demanda efectiva de los hogares con mayor propensión al consumo—, pero su impacto macroeconómico nacional se ve restringido por su escala y las insuficiencias del fomento estatal.
La evolución del Índice de Confianza del Consumidor (ICC) y de la tasa de desempleo durante el periodo 2008–2011 refuerza aún más la interpretación del comportamiento de las SOCAP como mecanismos contracíclicos frente a la crisis. El ICC registró una caída abrupta en 2009, alcanzando algunos de los niveles más bajos desde su creación, reflejando un marcado pesimismo de los hogares respecto a su situación económica presente y futura (INEGI, 2012). Esta disminución suele asociarse con reducciones en el consumo, el acceso al crédito y la inversión familiar, pues los consumidores tienden a posponer decisiones de gasto cuando la percepción de riesgo aumenta. De manera paralela, la tasa de desempleo abierta pasó de aproximadamente 4% en 2008 a más del 5.5% en 2009, su nivel más alto en más de una década, como consecuencia de la contracción industrial y la caída de la demanda externa (OCDE, 2012). En un contexto de bajo optimismo y pérdida de empleos, sería esperable que el crédito al sector popular se contrajera significativamente, tal como ocurrió en el sistema bancario tradicional. Sin embargo, la evidencia muestra que las SOCAP continuaron expandiendo su cartera de crédito y mantuvieron dinámicas de crecimiento en activos incluso durante los peores meses de la crisis. Este comportamiento es relevante porque sugiere que las cooperativas no respondieron mecánicamente al deterioro del entorno macroeconómico, sino que operaron como aceleradores locales de liquidez, proporcionando financiamiento a hogares y microempresas con alta propensión marginal a consumir, aun cuando el entorno externo presionaba hacia la contracción. En términos keynesianos, el contraste entre un ICC deprimido, un desempleo elevado y una cartera crediticia cooperativa en expansión evidencia que las SOCAP actuaron como estabilizadores automáticos descentralizados, sosteniendo el gasto y mitigando los efectos del ciclo económico adverso en las comunidades donde operan.
La evidencia presentada a lo largo del capítulo permite sostener, de manera crítica, que el comportamiento de las SOCAP durante la crisis de 2008–2009 y los años subsecuentes no solo representó una excepción dentro del sistema financiero, sino que expuso tensiones profundas en la arquitectura económica mexicana. Los indicadores internos —IMOR, ROA, NICAP e ICOR— mostraron una solidez estructural que contrasta abiertamente con la vulnerabilidad del entorno macroeconómico, evidenciada por la caída del PIB, el desplome del ICC y el incremento histórico del desempleo. Mientras los hogares enfrentaban pérdida de ingresos, deterioro en su percepción económica y una menor certidumbre sobre su estabilidad futura, las SOCAP no replicaron la lógica procíclica de la banca comercial, sino que mantuvieron e incluso incrementaron su ritmo de colocación crediticia. Que las cooperativas hayan expandido activos y crédito precisamente cuando la confianza del consumidor se encontraba en mínimos históricos y el desempleo alcanzaba niveles críticos, señala una divergencia significativa respecto al comportamiento esperado de los intermediarios financieros tradicionales.
Sin embargo, esta lectura debe matizarse con una perspectiva crítica: el desempeño contracíclico de las SOCAP no se explica por un diseño institucional plenamente robusto o por políticas públicas estratégicamente orientadas, sino más bien por una combinación de resiliencia comunitaria, prácticas prudenciales acumuladas y una operación local que amortigua, pero no elimina, las fragilidades inherentes al sector. La contradicción es clara: mientras el sistema cooperativo funcionó como estabilizador durante una crisis estructural, el Estado mexicano mantuvo un fomento fragmentado e insuficiente, y la regulación financiera continuó imponiendo exigencias que no siempre están acompañadas de instrumentos de fortalecimiento institucional. Así, el desempeño positivo de las SOCAP revela tanto su potencia social como las limitaciones de un modelo financiero nacional que sigue sin integrar plenamente la dimensión solidaria y territorial del crédito popular.
En síntesis, la incorporación de indicadores externos —el desplome del ICC y el aumento del desempleo— refuerza la conclusión de que las SOCAP actuaron como estabilizadores automáticos descentralizados, sosteniendo liquidez, crédito y capacidad de consumo en comunidades altamente vulnerables durante el periodo recesivo. Pero al mismo tiempo, evidencia que este papel contracíclico ocurre a pesar de las debilidades estructurales del entorno institucional y no gracias a un marco de política pública consistente. Esta paradoja constituye un punto crítico para el debate: si las cooperativas lograron amortiguar la crisis con recursos limitados, su impacto podría ser aún mayor bajo una política nacional de fortalecimiento técnico, tecnológico y financiero. En otras palabras, el análisis no solo confirma la hipótesis central de este trabajo, sino que invita a reconsiderar la estructura del sistema financiero mexicano y su capacidad para incorporar modelos alternativos de estabilidad económica, más resilientes, territoriales y socialmente enraizados.
Es innegable que la notable resiliencia demostrada por las SOCAP durante el periodo 2009-2011, medida en términos de baja morosidad y crecimiento crediticio, fue un testimonio del valor intrínseco del modelo: la fidelidad de los lazos comunitarios y la disciplina prudencial interna que caracterizan a las entidades cooperativas. Estos mecanismos endógenos, donde el conocimiento mutuo del socio funciona como una forma de monitoreo del crédito más eficiente que la exigida por la banca tradicional, fueron el verdadero motor de su estabilidad.
Sin embargo, esta misma fortaleza encierra una vulnerabilidad estructural: el éxito se basó en la ética cooperativa y el buen manejo de gestión de riesgos individual, más que en un diseño institucional robusto y homogéneo que garantice la solvencia en el largo plazo para todo el sector.
Por consiguiente, es fundamental enfatizar que este desempeño resiliente puede no ser replicable en futuras crisis financieras si no se implementa un marco de fortalecimiento regulatorio y tecnológico. Confiar únicamente en la “cultura del buen pago” y en la conciencia comunitaria implica ignorar los riesgos sistémicos derivados de una regulación incompleta, la falta de economías de escala y la necesidad de una supervisión que evolucione al ritmo de las nuevas tecnologías financieras. El crecimiento sostenido de las SOCAP, y su potencial como estabilizador económico, requiere urgentemente una transición de la dependencia de la prudencia individual a la solidez institucional colectiva.
3.2. Caso ilustrativo: Caja Popular Mexicana y el enfoque keynesiano.
Para aterrizar el análisis sectorial en una experiencia concreta, se toma como ejemplo a Caja Popular Mexicana (CPM), la cooperativa de ahorro y préstamo más grande del país. De acuerdo con información basada en datos de la CNBV, al cierre de 2023 CPM concentraba alrededor de 3.3 millones de socios, operaba mediante 484 sucursales en 29 estados de la República y administraba activos por más de 92 mil millones de pesos, lo que la convierte en el principal actor del segmento de cajas populares en México (El Universal, 2023). Si bien estas cifras corresponden a años posteriores al periodo 2009-2011 analizado en este capítulo, ilustran el resultado del proceso de expansión y consolidación cooperativa que se observa en los indicadores agregados del sector.
Desde la perspectiva de la demanda efectiva, el funcionamiento de CPM es consistente con la hipótesis keynesiana que guía esta investigación. Según su propia definición institucional, CPM se concibe como una cooperativa financiera que busca “contribuir al mejoramiento de la calidad de vida” de sus socios, promoviendo la cultura del ahorro, la ayuda mutua y el uso responsable del crédito (Caja Popular Mexicana, s.f.). La mayor parte de sus operaciones de crédito se dirige a hogares y pequeñas unidades económicas, es decir, a segmentos con alta propensión marginal a consumir. En términos keynesianos, esto implica que el ingreso generado vía crédito cooperativo tiende a transformarse rápidamente en gasto en consumo básico o inversión productiva de pequeña escala, reforzando el multiplicador del gasto en los territorios donde la cooperativa está presente.
En el plano de la preferencia por la liquidez y la estabilidad financiera, los informes de balance social de CPM destacan de manera recurrente la solidez de sus indicadores financieros y el fortalecimiento de su capital institucional (Caja Popular Mexicana, 2023). Esto sugiere una gestión prudente de riesgos: la cooperativa mantiene un colchón de capital suficiente y provisiones para enfrentar posibles pérdidas, pero sin recurrir a una contracción abrupta del crédito. Este comportamiento es coherente con lo observado a nivel agregado en el sector SOCAP entre 2009 y 2011, donde el NICAP se mantuvo holgado a la vez que la cartera de crédito seguía expandiéndose.
Por último, el papel territorial de CPM refuerza su carácter de estabilizador “desde abajo”. Su red de cientos de sucursales distribuidas en la mayoría de los estados del país indica que la cooperativa opera, en buena medida, en regiones donde la banca comercial tiene menor presencia, contribuyendo a la inclusión financiera con sentido social y al desarrollo económico local (El Universal, 2023; Caja Popular Mexicana, 2023). En términos keynesianos, esto significa que CPM actúa como un canal institucional a través del cual el ahorro local se recicla en forma de crédito dentro de la misma comunidad, ayudando a sostener el ingreso y el empleo en fases recesivas del ciclo económico.
En conjunto, el caso de Caja Popular Mexicana es consistente con los resultados cuantitativos presentados en este capítulo: el crecimiento de socios, activos y cartera, junto con una gestión prudente de la liquidez y la morosidad, muestra que el cooperativismo financiero puede operar como un mecanismo de estabilización económica alineado con el enfoque keynesiano, especialmente en los espacios donde el mercado financiero tradicional resulta insuficiente.
Conclusión general
La presente investigación se propuso evaluar la función del sector de las Sociedades Cooperativas de Ahorro y Préstamo (SOCAP) en el sistema financiero mexicano, específicamente su capacidad para actuar como un factor de estabilidad económica durante el periodo de crisis global (2009-2011). Los hallazgos confirman la hipótesis de trabajo: las SOCAP exhibieron un comportamiento contracíclico en contraste con la prociclicidad observada en la banca comercial, manteniendo el flujo de crédito y una morosidad controlada incluso en un entorno recesivo.
El análisis empírico y teórico sustenta que la resiliencia del sector se cimentó en dos pilares que se alinean con los postulados keynesianos. En primer lugar, la naturaleza del retorno del excedente a los socios se traduce en una inyección de liquidez que sostiene la demanda efectiva en el ámbito local. En segundo lugar, dado que sus socios presentan una alta propensión marginal a consumir, el multiplicador del gasto operado por las cooperativas resulta más eficiente en la reactivación económica microregional que el operado por el sistema bancario tradicional.
Sin embargo, es esencial matizar el alcance de este fenómeno: aunque el desempeño fue cualitativamente superior, el peso financiero total de las SOCAP en la economía mexicana es aún marginal a escala nacional. Por consiguiente, su rol se define mejor como el de un estabilizador automático descentralizado, vital para la inclusión financiera y la subsistencia en comunidades rurales y de bajos ingresos, pero limitado en su capacidad para ejercer un impacto macroeconómico significativo en el conjunto del país.
La fortaleza demostrada por el sector resultó ser más un logro de la ética cooperativa y la disciplina prudencial interna que de un diseño institucional robusto. La baja morosidad y el crecimiento se deben a la solidez de los lazos comunitarios y el conocimiento mutuo del socio, mecanismos de monitoreo del crédito que superan la eficiencia de los modelos bancarios estandarizados.
Esta misma dependencia de los factores endógenos señala una vulnerabilidad estructural que la política pública no ha abordado. La falta de fomento estatal decidido y la inconsistencia en el marco regulatorio (por ejemplo, en la gestión de los diferentes niveles de operación y capitalización) impiden que las SOCAP alcancen las economías de escala necesarias para ampliar su impacto.
Se concluye que el éxito del sector es condicional y potencialmente irreplicable en futuras crisis de mayor magnitud si no se implementa un fortalecimiento institucional que armonice la regulación, garantice la solidez y promueva la inversión tecnológica que permita a las cooperativas competir eficazmente en el sistema financiero moderno.
El cooperativismo financiero se presenta como un recurso institucional probado y viable para democratizar el capital y construir un sistema financiero más resiliente en México. La evidencia empírica demanda una reevaluación urgente de su función, pasando de ser considerado un actor de nicho o un programa de asistencia, a un actor económico estratégico para la estabilidad y el desarrollo.
Ignorar este potencial reduce las posibilidades de construir un modelo económico más inclusivo y sostenible en el largo plazo. La consolidación del sector SOCAP es, por tanto, una tarea pendiente que vincula la estabilidad económica con la justicia social.
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