Repensar el desarrollo: una nueva agenda progresista para América Latina

Un balance de la escuela de verano realizada en UAM-Xochimilco
Comité organizador Escuela Repensar el Desarrollo de América Latina y el Caribe
Universidad Atónoma Metropolitana Xochimilco
La siguiente publicación es realizada por el comité organizador Escuela Repensar el Desarrollo de América Latina y el Caribe de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco, cualquier duda o aclaración mandar un correo a: economia@correo.xoc.uam.mx
Las raíces y las alas
Retomando la tradición de la CEPAL histórica y el pensamiento del estructuralismo
latinoamericano, un grupo de jóvenes investigadores de América Latina y Europa se reunió
entre el 6 y el 17 de octubre de 2025 en la Ciudad de México bajo la consigna de repensar
el desarrollo latinoamericano. La Escuela de Verano, impulsada por Mario Cimoli, ex
Secretario Ejecutivo de la CEPAL, junto a un equipo de académicos y organismos
regionales1, en continuidad con el seminario internacional ‘Repensar al Desarrollo de
América Latina y el Caribe desde México’ del 20242, apuesta a actualizar el debate
sobre crecimiento, cambio estructural, desigualdad y políticas industriales, combinando
discusión teórica, evidencia empírica y experiencias nacionales. En un contexto en que las
derechas de la región vuelven a imponer una agenda basada en el fundamentalismo de
mercado, el encuentro fue un intento deliberado por reconstruir un pensamiento propio,
riguroso y crítico: no solo frente al neoliberalismo y sus límites distributivos, sino también
frente a los límites de la propia agenda progresista que, pese a su potencia conceptual, no
logró consolidar una transformación productiva sostenida. A lo largo de las dos semanas de
la escuela, un grupo de jóvenes investigadores de México, Argentina, Brasil, Uruguay, Italia,
Colombia, Francia y Cuba, que estudian problemas de América Latina, pudieron dialogar
con destacados economistas y hacedores de política: así se ha abierto un camino para
repensar el desarrollo desde Latinaomérica con las herramientas del siglo XXI. La próxima
edición de la Escuela, prevista para 2026 en Buenos Aires, buscará continuar en la tarea:
construir una red intergeneracional de cientistas sociales capaces de pensar el desarrollo
desde América Latina, con sus dilemas, urgencias y esperanzas.
Uno de los núcleos conceptuales de la Escuela fue la revisión de las raíces del pensamiento
estructuralista y dependentista, guiada por Wilson Peres y Mario Cimoli. Se repasaron las
contribuciones de los fundadores de esa tradición, a partir de una idea central: el
subdesarrollo no es una etapa transitoria de las periferias, sino una condición estructural
derivada de la inserción desigual de América Latina en la economía mundial. Esa lectura
histórica habilitó una discusión sobre la persistencia de las reformas neoliberal de los
noventa, que moldearon profundamente el terreno sobre el que operan incluso los
gobiernos progresistas. De allí la necesidad de construir nuevas alas para el neo-
estructuralismo no como continuidad, sino como reformulación que integre dimensiones
tecnológica, ambiental y distributiva en una visión integrada del desarrollo.
- Open Society, Young Scholar Initiative, Universidad Autónoma Metropolitana – Xochimilco, Instituto Investigaciones Sociales de la UNAM y la Scuola Superiore Sant’Anna de Pisa. ↩︎
- El seminario internacional ‘Repensar al Desarrollo de América Latina y el Caribe desde México’ se ha desarrollado en la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, en alianza con CAF -banco de desarrollo de América Latina y el Caribe y la Universidad Autónoma Metropolitana, entre 9 y 11 de septiembre de 2024, https://www.caf.com/es/actualidad/eventos/presencial-seminario-repensar-al-desarrollo-de-america-latina-y-el-caribe-desde-mexico/ ↩︎
Modelos rigurosos para entender un capitalismo en crisis
El debate teórico se nutrió de corrientes evolucionistas y otros enfoques heterodoxos contemporáneos. Giovanni Dosi, en su conferencia Los fundamentos de las economías
complejas y evolutivas, presentó un marco que rompe con la noción de equilibrio y concibe
el capitalismo como sistema dinámico, no lineal y conflictivo. Su programa, desarrollado por
décadas en la Scuola Superiore Sant’Anna, cristaliza en dos volúmenes, uno ya concluido y
otro en preparación, que sintetizan teoría y evidencia sobre innovación, competencia y
cambio estructural. La tesis es clara: crisis, desigualdad e innovación son propiedades
endógenas del sistema. El aporte es también pedagógico: una base para enseñar economía
de modo más realista y empírico, centrada en aprendizaje, coordinación y acumulación de
capacidades.
Andrea Roventini, de la Scuola Superiore Sant’Anna, profundizó en los modelos basados en
agentes, que simulan economías con múltiples firmas, hogares, y países cuyos
comportamientos e interacciones generan resultados macro. Una herramienta para
entender por qué algunos países aprenden y crecen más mientras otros quedan atrapados
en equilibrios de bajo desarrollo, y cómo políticas bien diseñadas pueden modificar esas
dinámicas.
En la misma línea, Gabriel Porcile, de la Universidad de La República en Uruguay, presentó
su modelo de las tres brechas, extensión del enfoque centro-periferia que integra
dimensiones económica, social y ambiental. La brecha tecnológica y las asimetrías de poder
condicionan el crecimiento, el empleo y la transición ecológica; el desarrollo exige
coherencia entre estructura productiva, políticas sociales y estrategias tecnológicas,
avanzando hacia sectores con eficiencia keynesiana y schumpeteriana capaces de generar
empleo, reducir desigualdades y descarbonizar.
Por su parte, Ariel Dvoskin, de la Universidad Missouri-Kansas City, reformuló los modelos
del Nuevo Consenso Macroeconómico desde una perspectiva heterodoxa. Mostró que en
economías periféricas, tomadoras de precios en los mercados internacionales, la
coordinación entre política fiscal y monetaria es decisiva para el crecimiento y la estabilidad
distributiva.
Pobreza, desigualdad y justicia fiscal
La dimensión social fue abordada desde distintos aspectos. Gerardo Esquivel, del
COLMEX, mostró que la pobreza se redujo en México entre 2018 y 2024 pese al
estancamiento del PIB per cápita, gracias a aumentos reales del salario mínimo, una
pensión universal para adultos mayores y la reforma laboral que limitó el outsourcing.
Políticas en gran medida constitucionalizadas que mejoraron la protección social y la
distribución del ingreso. Pero advirtió un límite: sin una reforma fiscal progresiva que amplíe
el espacio para inversión pública e infraestructura productiva, esos avances no se
sostienen.
En esa línea, Carlos Brown, de Oxfam, planteó a la desigualdad como una decisión política,
que los sistemas tributarios actuales reflejan. América Latina es la región más desigual del
mundo, en ingreso, riqueza y también en emisiones de carbono: el 10% más rico genera la
mitad de las emisiones globales. Propuso avanzar hacia una justicia fiscal progresiva,
transparencia y pedagogía fiscal ciudadana para comprender cómo y para qué se recauda.
La desigualdad no se corrige por inercia: requiere voluntad política, capacidad estatal y
legitimidad democrática.
Producir en la nueva globalización
Matías Kulfas, ex ministro de desarrollo productivo de Argentina, abordó los cambios en la
economía mundial y las estrategias comerciales. Tras décadas de expansión de las
cadenas globales de valor, la crisis de 2008, la pandemia y la guerra tecnológica entre
Estados Unidos y China dieron paso a una “slowbalization”: regionalización productiva,
reshoring selectivo y énfasis en seguridad nacional. Kulfas propone leer este viraje desde
cinco transiciones: la historia de las redes productivas, el pasaje de la transnacionalización
a las CGV, el rol en crisis de la institucionalidad multilateral, la dinámica de la inversión
extranjera directa en el auge globalizador y el debate sobre si asistimos al fin de una era o
al fin de la globalización tal como la conocimos. En este marco, América Latina enfrenta el
reto de superar la primarización y la dependencia tecnológica, construyendo capacidades
endógenas y un regionalismo productivo. Kulfas propone una agenda que enfatiza
regionalismo productivo y verde, relación Estado–mercado pragmática, uso estratégico de
recursos naturales, neoindustrialización, legitimidad de las políticas industriales y fiscalidad
pro-desarrollo; más que recetas, coordenadas para combinar competitividad, equidad y
sostenibilidad. Un primer aterrizaje de esas coordenadas se reconoce en el Plan México, la
política industrial impulsada por el gobierno Sheinbaum, sobre el cual se ha enfocado la
presentación a cargo de Gabriela Dutrénit, UAM – Xochimilco.
Aprender haciendo: desarrollo, territorio y ciudadanía
La Escuela ofreció dos talleres prácticos que tradujeron las discusiones teóricas en
herramientas concretas. El primero, a cargo de Ana Laura Catelén, Universidad Mar del
Plata, estuvo dedicado al análisis econométrico de series temporales. El segundo, a cargo
de los investigadores mexicanos Graciela Carrillo y Marco Jaso, se centró en el diseño de
indicadores de innovación y sostenibilidad ambiental. Ambos talleres compartieron un
mismo propósito: conectar la investigación empírica con los desafíos reales de las
economías latinoamericanas.
La Escuela culminó con una visita al polo industrial y tecnológico de Santiago de Querétaro,
donde los estudiantes conocieron el Centro de Ingeniería y Desarrollo Industrial y el clúster
Vórtice TD de empresas de tecnología digital. Se trató de una clase de aprendizaje situado:
ver cómo la articulación entre universidades, empresas y Estado transforma un territorio en
ecosistema de innovación.
Epílogo: los trade-offs progresistas
La Escuela dejó una certeza compartida: crecer es una urgencia, pero un crecimiento
sostenible, inclusivo y viable políticamente exige acompasar tres tensiones. Primero, la de
productividad y gasto social: la redistribución durable requiere aumentar la productividad y
no puede separarse permanentemente del gasto social. De otra manera, éste último se
vuelve insostenible. Segundo, la de la restricción externa: no es posible expandir
importaciones de manera indefinida sin expandir exportaciones y capacidad de generación
de divisas. Tercero, la de la consistencia temporal de las políticas: las políticas sociales
rinden en el corto plazo, mientras que la política industrial y de innovación necesita
horizontes más largos para madurar, que exceden a los de las administraciones. Afrontar
estos dilemas requiere acuerdos políticos amplios, herramientas institucionales duraderas y
una pedagogía pública persistente. “Gobernar es educar”: explicar con honestidad estos
compromisos y construirlos colectivamente con la ciudadanía es parte de la política de
desarrollo.








