El trabajo de cuidados como falla estructural: una aproximación desde la ENIGH y la economía feminista

TRIMESTRE: 26-I
MÓDULO: V

INTEGRANTES: Dafne Guviyaá García Manríquez

DOCENTE: García Cruz Juan Carlos

El siguiente trabajo es realizado por alumnos de la Licenciatura en Economía de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, cualquier duda o aclaración mandar un correo a: economia@correo.xoc.uam.mx

Resumen 

Esta investigación analiza el trabajo de cuidados no remunerado como una falla estructural del mercado que condiciona la sostenibilidad de la vida en los hogares mexicanos. Utilizando microdatos de la ENIGH 2024, se demuestra que la carga de cuidados no es una variable neutral, sino un determinante que reduce significativamente los recursos disponibles. 

Los resultados revelan una brecha económica crítica: los hogares con alta carga de cuidados perciben un ingreso per cápita promedio de 17,707.20 pesos, monto 47% menor al de los hogares con baja carga. Asimismo, se observa que la capacidad de ahorro no disminuye de forma lineal, sugiriendo que las familias activan mecanismos de resiliencia y “ahorro precautorio” para absorber privadamente los costos de reproducción social. 

Desde la economía feminista (Federici, Picchio, Folbre), el estudio refuta la clasificación neoclásica del cuidado como “ocio”. Se concluye que la invisibilización de estas tareas permite que el sistema productivo disponga de fuerza de trabajo sin asumir los costos de su formación, trasladando esta carga de manera asimétrica a los hogares y perpetuando desigualdades estructurales fuera del sistema de precios. 

1. Introducción 

1.1 Planteamiento del problema 

El trabajo de cuidados no remunerado representa una dimensión central del sostenimiento material de los hogares, no es una actividad secundaria o complementaria dentro de la economía, tanto así que es la que permite la reproducción cotidiana de la vida y de la fuerza de trabajo. 

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, las mujeres realizan aproximadamente el 76 % del total de horas de trabajo de cuidados no remunerado a nivel mundial (OIT, 2018). En América Latina, esta proporción supera en promedio tres veces el tiempo dedicado por los hombres.

En el caso de México, la Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares estima que el valor económico del trabajo doméstico y de cuidados equivale aproximadamente al 24 % del PIB nacional (INEGI, 2023). Esta cifra es superior a sectores como la industria manufacturera o el comercio siendo que en las mediciones trimestrales y anuales del Sistema de Cuentas Nacionales de México (SCNM), las manufacturas suelen oscilar entre el 21 % y 22 %, mientras que el comercio (sumando el comercio al por mayor y al por menor) ronda el 20 %. Sin embargo, el trabajo no remunerado de los hogares no se registra como ingreso, no genera derechos laborales y no se integra en los cálculos de productividad. 

Esto implica una paradoja estructural: una actividad que aporta casi una cuarta parte del producto nacional permanece fuera de los mecanismos de valorización, de remuneración y, por ende, fuera del sistema de precios. 

Adicionalmente, si bien la Encuesta Nacional de los Ingresos y Gastos en los Hogares (ENIGH) no mide horas de cuidado, sí permite observar la correlación entre composición del hogar, ingreso per cápita y estructura del gasto. Esta evidencia sugiere que la carga de reproducción social se asocia con mayor vulnerabilidad económica. No se trata, entonces, de un fenómeno anecdótico. Se trata de una dimensión central del funcionamiento económico. 

La teoría neoclásica concibe al mercado como un mecanismo de asignación eficiente de recursos. Sin embargo, esta perspectiva invisibiliza una dimensión central de la reproducción social, el trabajo de cuidados no remunerado, indispensable para el funcionamiento del sistema económico pero excluido del mercado. El trabajo de cuidados, que incluye actividades como la atención a menores, personas mayores, así como el mantenimiento cotidiano del hogar, constituye una condición necesaria para la reproducción de fuerza de trabajo, pero no es reconocido ni valorado económicamente. Esta omisión, leída desde el enfoque de esta investigación constituye una falla estructural, en tanto como esta actividad no se inserta en el mercado, tampoco en el sistema de precios, provocando que a su vez no se incorporen costos fundamentales para la reproducción social. 

En este contexto, el presente trabajo tiene como objetivo general analizar el trabajo de cuidados como una falla estructural del mercado, evaluando su impacto sobre el ingreso per cápita y la capacidad de ahorro de los hogares mexicanos a partir de los microdatos de la ENIGH 2024. Para ello, la investigación se articula a través de los siguientes objetivos específicos: 1) Categorizar la carga potencial de cuidados de los hogares, mediante la construcción de una variable proxy basada en su composición demográfica (presencia de menores de 12 años y adultos mayores de 65 años); 2) Determinar la correlación entre la carga de cuidados y el ingreso per cápita, identificando las brechas económicas sistemáticas que enfrentan los hogares con alta dependencia en comparación con aquellos de baja carga; 3) analizar diferencias en ingreso y capacidad de ahorro entre hogares con distinta carga de cuidados; 4) articular los hallazgos empíricos con los marcos de Federici, Picchio, y Folbre para evidenciar que la exclusión del cuidado no constituye únicamente una limitación metodológica, sino una condición estructural del sistema que permite la acumulación de capital y el funcionamiento del mercado laboral. 

1.2 Pregunta de investigación 

¿De qué manera la carga potencial de cuidados actúa como un condicionante estructural del ingreso per cápita y la capacidad de ahorro de los hogares mexicanos, y en qué medida la evidencia de esta presión económica invalida la clasificación neoclásica del trabajo reproductivo y de cuidados como “ocio”, revelando una falla sistémica en la valoración de la reproducción social? 

1.3 Hipótesis 

La correlación negativa entre carga potencial de cuidados e ingreso per cápita, junto con la menor capacidad de ahorro en los hogares mexicanos evidencia que la clasificación neoclásica del trabajo reproductivo como “ocio” resulta analíticamente insuficiente, en tanto invisibiliza su carácter productivo y su impacto sobre las condiciones económicas de los hogares, evidenciando así una falla estructural del mercado. 

1.4 Justificación teórica y empírica 

Esta investigación se fundamenta en la necesidad de dar luz a la arquitectura invisible que constituye el mantenimiento cotidiano del hogar. El trabajo de cuidados no remunerado constituye un punto ciego para la teoría microeconómica, ya que representa una actividad indispensable para la reproducción de la fuerza de trabajo que no se traduce en ingreso ni aparece en las cuentas nacionales tradicionales. La exclusión sistemática de esta esfera es tanto una limitación metodológica como un rasgo estructural del marco analítico que identifica lo económico con lo mercantil. Analizar empíricamente esta omisión permite evidenciar los límites del mercado como mecanismo suficiente de asignación y valoración social.

1.4.1 Insuficiencia del marco neoclásico 

La teoría neoclásica reconoce fallas de mercado cuando existen externalidades, bienes públicos, competencia imperfecta o información asimétrica (Stiglitz, 2000). Sin embargo, estas fallas son concebidas como desviaciones puntuales dentro de un sistema que, bajo condiciones ideales, tendería a la eficiencia. 

El trabajo de cuidados no encaja fácilmente en esta categoría. No es una externalidad ocasional. Es una condición necesaria del sistema. El mercado depende de la reproducción cotidiana de la fuerza de trabajo, pero no remunera directamente esa actividad. Lo que suele nombrarse como “trabajo doméstico no remunerado” no es otra cosa que el conjunto de prácticas que sostienen la vida en su forma más concreta: alimentar, limpiar, acompañar, cuidar cuerpos que enferman, que crecen, que envejecen. Ahí, en ese espacio que la teoría económica tiende a relegar al ámbito de lo privado, se produce algo fundamental: la posibilidad misma de que exista fuerza de trabajo disponible para el mercado. No hay jornada laboral que comience sin que antes alguien haya cocinado, lavado, organizado, cuidado. No hay productividad sin ese entramado previo, silencioso y continuo. 

Silvia Federici sostiene que la separación entre producción mercantil y reproducción doméstica fue históricamente construida como parte del proceso de acumulación originaria, asignando el trabajo reproductivo al ámbito privado y feminizándolo sistemáticamente (Federici, 2004). Esta feminización no se limita a una mayor participación de las mujeres en estas actividades, sino que implica un proceso histórico mediante el cual el cuidado fue social y culturalmente definido como una responsabilidad “natural” de las mujeres. 

En este sentido, la feminización del trabajo reproductivo se produjo a través de múltiples mecanismos. Por un lado, se consolidó una división sexual del trabajo que asignó a los hombres la participación en la producción mercantil y a las mujeres el sostenimiento de la vida en el ámbito doméstico. Por otro, este proceso fue acompañado por la desvalorización económica y simbólica de dichas actividades, en la medida en que, al no estar mediadas por el salario, fueron excluidas del reconocimiento como trabajo productivo. Así, el cuidado dejó de ser entendido como una contribución económica para convertirse en una obligación social invisibilizada.

Este carácter sistemático implica que la feminización del cuidado no responde a elecciones individuales ni a ventajas comparativas, sino a una estructura histórica que ha organizado la reproducción social sobre la base del trabajo no remunerado de las mujeres. Como consecuencia, el sistema económico ha podido sostener la reproducción de la fuerza de trabajo sin asumir plenamente sus costos, trasladándolos al ámbito doméstico. 

En el contexto contemporáneo, esta lógica persiste. A pesar del incremento en la participación de las mujeres en el mercado laboral, la responsabilidad del cuidado no ha sido redistribuida de manera equivalente, generando lo que la literatura denomina una “doble carga”: trabajo remunerado y trabajo no remunerado. Esto refuerza la idea de que la feminización del cuidado no es un fenómeno residual, sino un elemento estructural del funcionamiento económico. 

De este modo, la afirmación de Federici permite comprender que la invisibilización del trabajo de cuidados no es un problema meramente estadístico o metodológico, sino el resultado de una organización histórica y social que ha asignado sistemáticamente estas actividades a las mujeres, excluyéndolas del sistema de precios y de los mecanismos de reconocimiento económico. En este sentido, la invisibilización del cuidado no es un accidente estadístico, sino una condición política del capitalismo. 

Esta afirmación encuentra respaldo empírico en la distribución contemporánea del trabajo de cuidados. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, las mujeres realizan aproximadamente el 76 % del total de horas de trabajo de cuidados no remunerado a nivel mundial (OIT, 2018). En América Latina, esta brecha es aún más pronunciada: las mujeres dedican en promedio más del triple de tiempo que los hombres a estas actividades. En el caso de México, datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía muestran que las mujeres aportan cerca del 73 % del valor total del trabajo no remunerado de los hogares (INEGI, 2023), lo que confirma que la responsabilidad del cuidado recae de manera sistemática sobre ellas. 

Esta distribución desigual no puede explicarse únicamente por decisiones individuales o preferencias, como sugiere el enfoque neoclásico. Por el contrario, refleja una organización social del trabajo en la que las tareas de reproducción han sido históricamente asignadas a las mujeres y excluidas de los mecanismos de remuneración. La persistencia de estas brechas, incluso en contextos de mayor participación femenina en el mercado laboral, sugiere que el trabajo de cuidados no ha sido redistribuido, sino que se ha superpuesto a otras formas de trabajo, intensificando la carga total. 

En este sentido, la feminización del trabajo de cuidados no es solo una característica descriptiva, sino un elemento estructural del funcionamiento económico: permite que el sistema productivo disponga de fuerza de trabajo sin asumir plenamente los costos de su reproducción. Así, los datos no sólo ilustran una desigualdad de género, sino que evidencian la materialidad de lo que Federici plantea: que la organización capitalista de la producción descansa sobre la apropiación sistemática de trabajo reproductivo no remunerado, realizado mayoritariamente por mujeres. 

Antonella Picchio profundiza esta idea al argumentar que el mercado laboral se sostiene sobre una economía de reproducción social que no reconoce como parte de su contabilidad (Picchio, 1992). El salario no remunera el trabajo reproductivo completo, sino que presupone su existencia. La eficiencia del mercado, por tanto, descansa sobre un costo de oportunidad asumido por las y los cuidadores. quienes destinan tiempo a actividades no remuneradas en lugar de participar plenamente en el mercado laboral o generar ingresos monetarios. 

Nancy Folbre añade que el cuidado genera externalidades positivas de gran magnitud, en particular en la formación de capital humano, pero los costos recaen desproporcionadamente en quienes lo realizan (Folbre, 2001). Esta distribución asimétrica no puede explicarse únicamente por preferencias individuales o decisiones racionales; responde a estructuras sociales y normas de género que preceden al mercado. 

1.4.2 El carácter estructural de la falla 

Hablar de “falla estructural” implica ir más allá del análisis convencional de mercado. En la teoría estándar, una falla se corrige mediante intervención estatal: impuestos pigouvianos, provisión pública, regulación. Sin embargo, cuando la actividad omitida constituye la base misma de la producción de valor, el problema no es simplemente de corrección marginal, sino de arquitectura institucional. 

El mercado no puede internalizar plenamente el trabajo de cuidados sin alterar la forma en que se distribuyen ingresos, tiempos y responsabilidades sociales. La reproducción social no es sino el sustrato permanente del sistema económico.

La ENIGH, al registrar ingreso y gasto, ofrece una herramienta poderosa para analizar la desigualdad. Pero también pone en evidencia sus límites: no captura directamente el tiempo invertido en sostener la vida. Esta ausencia no es simplemente metodológica; es coherente con una tradición teórica que identifica lo económico con lo mercantil. 

2. Metodología 

2.1 Enfoque metodológico 

El trabajo de investigación adopta un enfoque cuantitativo con interpretación crítica, utilizando microdatos de la ENIGH 2024. El objetivo no es medir directamente el trabajo de cuidados, sino aproximar empíricamente su impacto económico, evidenciando los límites del enfoque neoclásico. 

2.2 Operacionalización del trabajo de cuidados 

Siendo que la ENIGH no mide horas de cuidado, se construyen indicadores indirectos de carga potencial de cuidados que toma en cuenta la presencia de menores de 12 años y personas mayores de 65 años. Estos elementos permiten identificar hogares con alta probabilidad de carga de cuidados no remunerados. 

Variables independientes (carga de cuidados): 

● Número de dependientes (menores de 12, adultos mayores de 65) 

Variables dependientes (vulnerabilidad económica): 

● Ingreso per cápita 

● Capacidad de ahorro (ingreso – gasto) como indicador de vulnerabilidad

2.3 Estrategia de análisis 

Paso 1: Clasificación de hogares según carga potencial de cuidados 

En primer lugar, se construyó una variable categórica denominada carga potencial de cuidados, con base en la composición del hogar. Dado que la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares no cuenta con una medición directa del tiempo destinado al cuidado, se optó por utilizar el número de personas dependientes como proxy de la demanda de cuidados.

Esta clasificación permite aproximar la presión estructural de cuidados que enfrenta cada hogar, bajo el supuesto de que un mayor número de dependientes implica mayores requerimientos de tiempo, recursos y trabajo no remunerado. Es importante señalar que esta variable no mide el cuidado efectivamente realizado, sino su potencial estructural, lo cual es consistente con el enfoque del estudio. 

Paso 2: Análisis descriptivo de variables económicas 

Una vez clasificados los hogares, se procedió al análisis descriptivo de variables económicas clave construidas a partir de la ENIGH: 

● Ingreso per cápita, calculado como el ingreso corriente total del hogar dividido entre el número de integrantes. 

● Capacidad de ahorro, definida como la diferencia entre ingreso corriente total y gasto corriente total. 

El análisis consistió en comparar los valores promedio de estas variables entre los distintos grupos de carga de cuidados, utilizando herramientas de estadística descriptiva en Excel, particularmente tablas dinámicas, promedios por categoría representación gráfica mediante diagramas de barras. Este enfoque permite identificar diferencias sistemáticas entre hogares evidenciando regularidades empíricas relevantes. 

Adicionalmente, se prestó atención a la relación entre ingreso y ahorro, con el fin de detectar posibles mecanismos de ajuste económico dentro de los hogares, especialmente en aquellos con mayor carga de cuidados. 

Paso 3: Interpretación crítica de los resultados 

La tercera etapa consistió en la interpretación de los resultados a la luz del marco teórico desarrollado, articulando los hallazgos empíricos con la crítica a la teoría microeconómica neoclásica. 

En particular, el análisis se centró en cuestionar los supuestos del modelo estándar presentado por Daron Acemoglu, especialmente: 

● la clasificación del tiempo no remunerado como ocio 

● la exclusión del cuidado de la función de producción

● la explicación de los ingresos únicamente en términos de productividad individual 

3. Marco teórico 

La microeconomía neoclásica ha construido su arquitectura analítica a partir de un conjunto de conceptos que definen qué es económico, qué puede ser medido y qué queda fuera del análisis. Ingreso, consumo, utilidad, eficiencia y falla de mercado constituyen las categorías centrales mediante las cuales se evalúa la asignación de recursos. Sin embargo, como han señalado Picchio, Federici, Benería y Folbre, estos conceptos descansan sobre una delimitación previa de la esfera económica que excluye sistemáticamente el trabajo reproductivo y de cuidados (Benería, 2003; Folbre, 2001). 

Antes de proceder a la crítica, es necesario precisar estas categorías y señalar el punto en el que la economía feminista comienza a tensionarlas.

Tabla 1. Categorías del modelo neoclásico y límites para el análisis del cuidado
Concepto Lo que incluye en el modelo estándarLo que problematiza la economía feminista y excluye teoría neoclásica
Factores de producción (trabajo, capital)La producción se explica mediante la combinación de trabajo remunerado y capital físico que generan bienes y servicios intercambiados en el mercado.El trabajo reproductivo queda fuera de la función de producción al no tener precio de mercado. Como señala Antonella Picchio, la reproducción social constituye una infraestructura invisible que permite la existencia del mercado laboral. Sin reproducción cotidiana de la fuerza de trabajo no sería posible la producción económica.
Ocio / tiempo libreEl tiempo que no se destina al trabajo remunerado se clasifica como ocio, entendido como actividades que generan utilidad personal.Bajo esta definición, el cuidado se interpreta como tiempo libre y no como trabajo productivo. Nancy Folbre argumenta que el cuidado genera externalidades sociales importantes, particularmente en la formación de capital humano, por lo que no puede reducirse a consumo privado de tiempo.
Valor del producto marginal del trabajo (VPMT)El salario se determina por la contribución marginal del trabajador a la producción de la empresa.El trabajo de cuidados tiene un valor social evidente —formación de personas, sostenimiento de la vida— pero carece de precio de mercado. Como plantea Lourdes Benería, esta ausencia de precio no implica ausencia de valor económico, sino una limitación en los mecanismos de medición del mercado.
Preferencias del consumidorLas preferencias se asumen como exógenas, estables y determinadas a nivel individual.La asignación del cuidado no responde únicamente a preferencias individuales. Silvia Federici muestra que la división sexual del trabajo es resultado de procesos históricos vinculados a la formación del capitalismo y a la organización social del trabajo reproductivo.
Eficiencia de ParetoUna asignación es eficiente cuando nadie puede mejorar su bienestar sin empeorar el de otro.La eficiencia se evalúa sobre una base que invisibiliza el trabajo no remunerado. Si los hogares absorben los costos de reproducción social, el equilibrio de mercado puede parecer eficiente aunque repose sobre trabajo de cuidados no reconocido ni remunerado.
Fuente: Elaboración propia a partir de Acemoglu.

3.1 Producción y reproducción social 

La microeconomía estándar distingue implícitamente entre actividades productivas, aquellas que generan bienes y servicios intercambiados en el mercado, y actividades no productivas, generalmente asociadas al ámbito doméstico. Esta distinción no es meramente descriptiva, sino normativa, ya que determina qué actividades son consideradas generadoras de valor económico. 

Silvia Federici sostiene que esta separación entre producción y reproducción constituye una operación histórica del capitalismo, mediante la cual el trabajo doméstico fue despojado de reconocimiento económico pese a ser condición de posibilidad para la acumulación (Federici, 2013). La reproducción social comprende el conjunto de actividades que sostienen la vida cotidiana y garantizan la reproducción de la fuerza de trabajo: alimentación, cuidado, limpieza, acompañamiento, crianza. 

Antonella Picchio amplía este enfoque al conceptualizar la reproducción social como el proceso mediante el cual se mantiene y renueva la capacidad laboral, subrayando que el mercado laboral descansa estructuralmente sobre esta esfera invisibilizada (Picchio, 1992, pp. 6–10). Desde esta perspectiva, el mercado no es autosuficiente; depende de una base material y social que no remunera directamente. Este señalamiento es fundamental para el presente trabajo, ya que permite entender que el cuidado no es una externalidad marginal, sino un componente constitutivo del funcionamiento económico. 

3.2 El homo economicus y la racionalidad individual 

La microeconomía parte del supuesto de que los individuos son agentes racionales que maximizan su utilidad bajo restricciones presupuestarias. Esta figura abstracta, conocida como homo economicus, actúa de manera autónoma, con preferencias estables y completas. 

Nancy Folbre cuestiona este modelo al señalar que ignora las relaciones de dependencia y las motivaciones altruistas que estructuran las decisiones dentro del hogar (Folbre, 2001, pp. 23–30). En contextos de cuidado, las decisiones no se toman únicamente en función del interés individual, sino que están mediadas por normas sociales, obligaciones morales y relaciones afectivas. Este punto es clave porque el análisis microeconómico, basado en elecciones de consumo observables, presupone que las decisiones reflejan preferencias individuales libres. Sin embargo, cuando el cuidado imposibilita la participación laboral o las posibilidades de ingreso, la elección deja de ser plenamente autónoma y pasa a estar estructuralmente limitada. 

3.3 La visión estándar: Flujo circular y factores de producción 

La microeconomía neoclásica contemporánea describe el funcionamiento de la economía a partir de decisiones individuales de agentes racionales que asignan recursos escasos con el objetivo de maximizar su utilidad. 

Dentro de este marco analítico, existen dos agentes económicos: las empresas, que son las unidades de producción que al combinar los factores de producción (trabajo y capital) crean bienes y servicios; y los hogares, que son los propietarios de los factores de producción y las unidades consumidoras de bienes y servicios. Los diferentes agentes interactúan en dos puntos de encuentro: en el mercado de factores de producción, donde los hogares ofrecen su trabajo y capital a las empresas a cambio de una remuneración (salarios, intereses); y en el mercado de bienes y servicios, donde las empresas ofrecen lo que producen y los hogares lo compran utilizando los ingresos obtenidos en el mercado anterior. 

Figura 1. Diagrama circular de la actividad económica
Fuente: Elaboración propia

El diagrama de flujo circular de la economía (cf. Figura 1) es un modelo que busca explicar el funcionamiento de la economía, en su forma básica, estableciendo que el gasto de un agente es el ingreso de otro. En este sentido, los hogares reciben ingresos al vender sus factores de producción (trabajo, capital) en el mercado de factores a las empresas. Utilizan estos ingresos para comprar bienes y servicios producidos por las empresas. Las empresas utilizan los ingresos de esas ventas para pagar los factores de producción a las familias (salarios, rentas), cerrando el círculo. 

En el diagrama los hogares se tratan como una “caja negra”: un punto de origen de factores (trabajo) y un punto de destino de bienes y servicios (consumo), un agente (unidad agregada) que toma decisiones sobre consumo, trabajo y ahorro bajo una restricción presupuestaria; pero lo que ocurre dentro es invisible para el análisis económico estándar. El tratamiento de los hogares como una “caja negra” responde a una convergencia de sesgos que prioriza la circulación mercantil sobre la sostenibilidad de la vida.

Desde una razón teórica, el modelo neoclásico restringe el concepto de “productividad” exclusivamente a aquellas actividades que generan un valor de cambio y pasan por el sistema de precios, dejando fuera el trabajo de cuidados al carecer de una transacción monetaria formal. Metodológicamente, esta omisión se justifica al definir al hogar únicamente como una unidad de consumo final y proveedora de factores, ignorando los procesos internos de transformación y “reproducción de seres humanos” necesarios para que el factor trabajo esté disponible. Finalmente, desde una perspectiva epistemológica, el modelo hereda una división dicotómica entre la esfera pública (masculina, “racional”, competitiva y monetizada) y la privada (femenina, “emocional”, doméstica y gratuita), naturalizando las labores de reproducción, cuidados y limpieza como procesos externos a la economía, lo que invisibiliza el sustrato material y social que sostiene la totalidad del flujo económico. 

Esta perspectiva constituye el punto de partida del análisis económico estándar y establece las categorías conceptuales a partir de las cuales se interpretan fenómenos como el empleo, los salarios y la producción. 

Uno de los supuestos centrales del modelo es la forma en que se conceptualiza la asignación del tiempo. Según el enfoque presentado por Daron Acemoglu y David Laibson, los individuos distribuyen su tiempo entre trabajo remunerado y ocio, entendiendo el ocio como el conjunto de actividades que no generan ingreso monetario directo (Acemoglu y Laibson, 2018). En este marco, el trabajo se interpreta como el tiempo destinado al mercado laboral a cambio de un salario, mientras que el ocio representa el tiempo utilizado para actividades que proporcionan utilidad directa pero que no participan en el mercado. 

Esta distinción tiene implicaciones analíticas importantes. Bajo esta formulación, cualquier actividad que no se realice en el mercado laboral se clasifica como ocio desde el punto de vista económico. De este modo, tareas como el trabajo doméstico o el cuidado de personas dependientes quedan ubicadas conceptualmente dentro de la categoría de tiempo libre, ya que no generan remuneración monetaria ni participan directamente en procesos productivos de mercado. 

La teoría de la producción adopta una delimitación similar respecto a qué actividades se consideran económicamente relevantes. En el modelo estándar, la producción de bienes y servicios se explica mediante la combinación de factores de producción, principalmente trabajo y capital. El trabajo se define como el esfuerzo humano que participa en procesos productivos remunerados, mientras que el capital corresponde a los bienes duraderos utilizados para producir otros bienes y servicios (Acemoglu y Laibson, 2018). Esta definición implica que únicamente las actividades que generan bienes o servicios intercambiados en mercados forman parte de la función de producción. 

Una extensión de esta perspectiva se encuentra en la categoría del capital humano, la cual busca explicar las diferencias en ingresos laborales a partir de las inversiones realizadas por los individuos en educación, capacitación y experiencia laboral. En este marco, las diferencias salariales reflejan variaciones en productividad derivadas de dichas inversiones, así como de las decisiones individuales relacionadas con la participación en el mercado laboral (Acemoglu y Laibson, 2018). Desde esta perspectiva, las interrupciones en la trayectoria laboral o la reducción en horas trabajadas suelen interpretarse como resultados de elecciones individuales sobre la asignación del tiempo entre trabajo y ocio. 

Aunque este enfoque permite modelar la oferta laboral y la determinación de salarios, diversas autoras de la economía feminista han señalado que estas categorías conceptuales dejan fuera del análisis una parte fundamental del proceso económico. En particular, la clasificación del trabajo de cuidados como ocio invisibiliza actividades que son indispensables para la reproducción cotidiana de la fuerza de trabajo. 

Desde esta perspectiva crítica, Nancy Folbre argumenta que el cuidado no puede reducirse a tiempo libre porque constituye una forma de producción social que contribuye a la formación de capital humano y al bienestar colectivo. Las actividades de cuidado generan beneficios que trascienden el ámbito privado del hogar, por lo que su exclusión del análisis económico impide comprender plenamente los procesos que sostienen el funcionamiento de la economía (Folbre, 2001). 

De manera complementaria, Silvia Federici sitúa esta exclusión en una dimensión histórica más amplia. Según su análisis, la separación entre producción mercantil y reproducción doméstica se consolidó con el desarrollo del capitalismo, cuando el trabajo doméstico fue desplazado al ámbito privado y despojado de reconocimiento económico (Federici, 2004). Desde esta perspectiva, la invisibilización del cuidado no constituye simplemente una limitación estadística o conceptual, sino el resultado de procesos históricos que permitieron la acumulación capitalista mediante la apropiación de trabajo reproductivo no remunerado.

La comparación entre estos enfoques pone de manifiesto una tensión fundamental en la teoría económica. Mientras el modelo neoclásico interpreta el cuidado como una actividad de consumo privado que genera utilidad individual, la economía feminista lo conceptualiza como una forma de trabajo reproductivo que sostiene la producción y la reproducción social. Esta diferencia conceptual resulta central para el presente estudio, ya que precisa qué actividades son consideradas económicamente relevantes y cuáles permanecen fuera de las mediciones convencionales. 

3.4 Ingreso y consumo 

En la teoría neoclásica, el ingreso constituye la principal restricción presupuestaria. A mayor ingreso, mayor conjunto de posibilidades de consumo (Varian, 2010, p. 58). Es así que el consumo se interpreta como la manifestación observable de las preferencias individuales, reveladas a través de las decisiones de gasto. 

No obstante, Lourdes Benería advierte que esta aproximación ignora la distribución intrahogar del ingreso y del tiempo, así como las desigualdades estructurales que condicionan la generación de recursos (Benería, 2003, pp. 47–52). El ingreso no refleja necesariamente la totalidad de las condiciones materiales y sociales que permiten sostener la vida. Desde esta perspectiva, la producción de valor no puede reducirse exclusivamente a variables como el ingreso, ya que parte del trabajo que lo sostiene no aparece en las estadísticas económicas convencionales. En esta misma línea la capacidad de ahorro, entendida como la diferencia entre ingreso corriente y gasto corriente, permite matizar la identificación automática entre ingreso y valor. Más allá del monto percibido, el ahorro expresa el margen real con el que cuenta un hogar para enfrentar contingencias o sostener su consumo ante interrupciones del ingreso. Cuando la carga de cuidados no remunerados limita la participación laboral o incrementa necesidades de gasto asociadas a la reproducción cotidiana, la posibilidad de generar excedentes se reduce, configurando una situación de mayor vulnerabilidad económica. Así, una baja capacidad de ahorro no solo refleja restricción presupuestaria inmediata, sino una posición estructural de mayor exposición al riesgo. 

Este señalamiento es particularmente relevante para el uso de la ENIGH, dado que la encuesta capta ingresos y gastos corrientes, pero no mide directamente el tiempo dedicado a cuidados. La incorporación de indicadores como el ingreso per cápita y la capacidad de ahorro permitirá, por tanto, aproximar empíricamente dimensiones del valor del computrabajo de cuidado no remunerado de los hogares y la vulnerabilidad que trasciende la medición estrictamente monetaria. 

3.5 Eficiencia económica y eficiencia de Pareto 

La eficiencia en el sentido de Pareto define una asignación como óptima cuando no es posible mejorar la situación de alguien sin empeorar la de otro. Este criterio constituye uno de los pilares normativos del análisis microeconómico (Varian, 2010, p. 15). Bajo este enfoque, las decisiones económicas se evalúan en función de intercambios donde los agentes asignan recursos escasos, incluido el tiempo, considerando sus costos de oportunidad, es decir, aquello a lo que renuncian al elegir una alternativa sobre otra. 

Sin embargo, como señala Antonella Picchio, el criterio de eficiencia presupone una distribución inicial de recursos que no es problematizada por el modelo (Picchio, 2003). En este sentido, el costo de oportunidad no se distribuye de manera neutral: en los hogares con mayor carga de cuidados, el tiempo destinado a actividades no remuneradas implica renunciar a oportunidades de generación de ingreso, inserción laboral o acumulación de capital. Así, el costo de oportunidad del cuidado recae de forma desigual sobre quienes lo realizan. 

Si el acceso al ingreso está condicionado por responsabilidades de cuidado no remuneradas, entonces la distribución inicial ya incorpora desigualdades estructurales que la noción de eficiencia no cuestiona. La eficiencia, en este sentido, no evalúa si el sistema reconoce las actividades que sostienen la producción, ni considera que su funcionamiento descansa sobre costos de oportunidad asumidos fuera del mercado. De este modo, una asignación puede ser eficiente en términos de Pareto y, al mismo tiempo, sostenerse sobre una estructura en la que el trabajo de cuidados limita las posibilidades económicas de ciertos hogares sin ser reconocido ni, por ende, compensado. 

3.6 Fallas de mercado y ampliación conceptual 

En su definición convencional, una falla de mercado ocurre cuando el sistema de precios no logra asignar los recursos de manera socialmente eficiente, como sucede en casos de externalidades o bienes públicos (Stiglitz, 2000). 

Folbre propone ampliar esta noción al considerar que el cuidado genera externalidades positivas significativas que no son remuneradas por el mercado (Folbre, 2006). La crianza, por ejemplo, produce capital humano que beneficia al conjunto de la sociedad, pero los costos recaen principalmente en los hogares, y de manera desproporcionada en las mujeres. 

Federici va más allá al sostener que esta omisión no es accidental sino estructural, ya que el capitalismo depende de trabajo no remunerado para sostener la acumulación (Federici, 2004). En este marco, la falla de mercado deja de ser un desajuste puntual y pasa a entenderse como una limitación estructural del sistema de precios para incorporar costos esenciales para la reproducción social. 

Mientras Federici explica por qué histórico de la exclusión del cuidado (acumulación originaria), Picchio revela el cómo estructural (dependencia del mercado hacia el hogar) y Folbre demuestra las consecuencias económicas (ineficiencia y distribución asimétrica de costos). Juntas, evidencian que la omisión del trabajo reproductivo no es un descuido metodológico, sino una condición de posibilidad del modelo neoclásico. 

Con el fin de articular las distintas perspectivas teóricas que sustentan este trabajo, la siguiente tabla sintetiza los principales aportes de la economía feminista al análisis del trabajo de cuidados y sus implicaciones para el estudio empírico utilizando la ENIGH.

Tabla 2. Marco analítico para el estudio del trabajo de cuidados.
Dimensión de análisisSilvia Federici Antonella Picchio Nancy Folbre Lourdes BeneríaPunto de convergencia (tesis central)
Naturaleza del trabajo de cuidadosEl trabajo doméstico y de cuidados constituye trabajo reproductivo necesario para la reproducción de la fuerza de trabajo, históricamente invisibilizado mediante procesos de acumulación originaria.El cuidado forma parte de la economía de la reproducción social, que garantiza la sostenibilidad de la vida y la disponibilidad de fuerza de trabajo para el mercado.El cuidado es una actividad productiva que genera externalidades positivas, particularmente en la formación de capital humano y en el bienestar social.Las actividades de cuidado sostienen el desarrollo de capacidades humanas y permiten la reproducción cotidiana de los hogares.El cuidado no puede interpretarse como ocio o consumo privado; constituye una forma de producción social fundamental para el funcionamiento de la economía.
Limitacion es del modelo neoclásicoEl modelo económico convencional invisibiliza el trabajo reproductivo al situarlo fuera del ámbito del mercado y del sistema de remuneración.La economía dominante asume que la reproducción social ocurre de manera automática, sin considerar los costos materiales y temporales que implica.La teoría neoclásica tiende a ignorar las externalidades del cuidado y a reducir su análisis a decisiones privadas dentro del hogar.Los indicadores tradicionales (ingreso, consumo) no capturan las desigualdades estructurales en la distribución del tiempo y del trabajo doméstico.El modelo neoclásico, tal como se presenta en la teoría estándar de trabajo, ocio y factores de producción, excluye el cuidado de la producción económica al no asignarle precio de mercado.
Dimensión estructural del funcionami ento económicoEl capitalismo se sostiene mediante la apropiación de trabajo reproductivo no remunerado que garantiza la reproducción de la fuerza de trabajo.La reproducción social opera como una infraestructura invisible que permite el funcionamiento del mercado laboral.El cuidado requiere mecanismos de coordinación social porque sus beneficios exceden el ámbito privado del hogar.La división sexual del trabajo distribuye de manera desigual las responsabilidade s de cuidado, generando desigualdades económicas persistentes.La economía de mercado externaliza los costos de la reproducción social hacia los hogares, particularmente hacia quienes realizan trabajo de cuidados.
Implicacio nes para el análisis empírico con ENIGHPermite observar indirectamente cómo los hogares absorben los costos de reproducción social que no son reconocidos por el mercado.La composición del hogar y la presencia de dependientes permiten aproximar la presión reproductiva sobre los hogares.Los indicadores de ingreso y gasto permiten analizar cómo los hogares internalizan los costos económicos del cuidado.El análisis de ingresos y gasto revela desigualdades estructurales asociadas a la organización social del cuidado.El análisis empírico buscará mostrar que los hogares con mayor carga potencial de cuidados enfrentan mayor presión económica, evidenciando una falla estructural del mercado.
Fuente: Elaboración propia basada en las tesis de Federici, Picchio, Folbre y Benería

4. Resultados 

El análisis descriptivo, basado en los microdatos de la ENIGH 2024, revela diferencias sistemáticas en las condiciones socioeconómicas de los hogares según su nivel de carga potencial de cuidados. 

4.1 Caracterización de la carga de cuidados 

Para este estudio, ante la ausencia de un indicador estadístico directo que mida la carga de cuidados dentro de los hogares en el contexto mexicano, se construyó una variable proxy fundamentada en la composición demográfica del hogar y el recuento de personas dependientes dentro. Bajo este criterio, los hogares se clasifican en función de la carga de cuidados, de la siguiente manera: 

Tabla 3. Clasificación de la carga de cuidados 

Baja: 0 dependientes 

Media: 1 dependiente 

Alta: 2+ dependientes 

4.2 Impacto en el ingreso y la capacidad de ahorro 

A partir de esta clasificación, se calcularon los promedios de ingreso per cápita y capacidad de ahorro. Los datos (cf. Tabla 4) evidencian una brecha económica significativa: mientras que los hogares con baja carga de cuidados perciben un ingreso promedio de 33,432.39 pesos, aquellos con carga alta reciben apenas 17,707.20 pesos. Esta disparidad en el ingreso es sustancial, ya que revela que los hogares con mayores responsabilidades de cuidado enfrentan ingresos aproximadamente 47% menores en comparación con los de baja carga de cuidado. 

Tabla 4. Ingreso per cápita y capacidad de ahorro promedio según la carga potencial de cuidados

Carga potencial de cuidadosIngreso per cápitaCapacidad de ahorro
PromedioPromedio
Alta17 707.2028 917.87
Media24 174.1427 376.46
Baja33 432.3930 114.67
Total26 110.8628 868.14

Fuente: Elaboración propia con microdatos de la ENIGH.

Como se observa en la Gráfica 1, hay una tendencia inversamente proporcional: a medida que aumenta la carga de cuidados, el ingreso per cápita disminuye de forma significativa. En otras palabras, los hogares con dos o más dependientes (alta carga) presentan niveles de ingreso considerablemente menores en comparación con aquellos sin dependientes (baja carga). 

Gráfica 1. Ingreso per cápita promedio según carga de cuidados 

Fuente: Elaboración propia con microdatos de la ENIGH 

A diferencia de la tendencia observada en los ingresos, la capacidad de ahorro (cf. Gráfica 2) no presenta un comportamiento lineal ni una correlación directa con la carga de cuidados. Resulta significativo que los hogares con alta carga registran una capacidad de ahorro de 28,917.87 pesos, cifra superior a la de los hogares con carga media, quienes presentan el nivel más bajo con 27,376.46 pesos. No obstante, los hogares con baja carga de cuidados poseen la mayor capacidad de ahorro, alcanzando los 30,114.67 pesos. Un hallazgo relevante en sí mismo. 

Gráfica 2. Capacidad de ahorro promedio por hogar según carga de cuidados 

Fuente: Elaboración propia con microdatos de la ENIGH 

El hecho de que los hogares con alta carga mantengan una capacidad de ahorro considerable a pesar de tener ingresos un 47% menores sugiere la existencia de mecanismos de resiliencia financiera dentro del núcleo familiar. Este fenómeno permite inferir que dichos hogares absorben los costos de reproducción de la fuerza de trabajo sin recibir compensación externa alguna. Bajo esta lógica, el ahorro en contextos de alta vulnerabilidad no debe entenderse como un simple traslado de consumo presente a futuro, sino como un motivo precautorio ante la posibilidad de desempleo o crisis. En este sentido, el ahorro se constituye como un costo oculto necesario para garantizar la supervivencia y la reproducción social frente a las restricciones del mercado. 

Estos hallazgos indican que la presencia de personas dependientes en el hogar no es una variable social neutral, sino un factor que condiciona las posibilidades económicas y de bienestar social de las unidades domésticas (los hogares). A la luz de la economía feminista, estas diferencias reflejan la distribución desigual del trabajo de cuidados que sostiene la reproducción social y que permanece totalmente fuera de los mecanismos de valoración del mercado. 

En última instancia, la evidencia empírica sugiere que la estructura de cuidados funciona como un regulador silencioso de la economía del hogar. Mientras que el sistema económico se beneficia de la fuerza de trabajo ya formada y disponible, los hogares con alta carga de cuidados (particularmente) internalizan de forma privada y precaria los costos de dicha formación y sostenimiento. Así, la aparente autonomía del mercado laboral se revela como una dependencia profunda y no reconocida del trabajo reproductivo y de cuidados no remunerados. 

5. Discusión y análisis de resultados 

Los resultados empíricos, obtenidos del análisis de los microdatos de la ENIGH 2024, muestran que la presencia de personas dependientes es un determinante estructural de las posibilidades económicas de los hogares, y no una variable neutral. Desde la economía feminista, estas disparidades reflejan la distribución desigual del trabajo reproductivo, el cual sostiene la vida social, pero permanece invisibilizado por el mercado. 

5.1 Crítica al modelo neoclásico y al capital humano 

Los resultados permiten cuestionar los pilares centrales del modelo neoclásico, particularmente en lo que respecta a la asignación del trabajo y la determinación del ingreso. 

En el enfoque tradicional, el ingreso (el pago a los factores productivos) se explica mediante la productividad marginal. En el caso particular del factor trabajo, el salario real se determina por el valor del producto marginal del trabajo, por su contribución al proceso de transformación que ocurre en el proceso productivo. Dicho factor se ofrece en el mercado de factores productivos, donde los hogares toman la decisión individual de asignar tiempo entre trabajo y ocio. Mientras que las empresas contratan la cantidad necesaria de trabajo (para su producción). 

Bajo este enfoque, las diferencias en ingreso se interpretan como resultado de productividad individual, capital humano y decisiones sobre oferta laboral. Sin embargo, los resultados empíricos obtenidos sugieren que esta explicación es insuficiente para dar cuenta de las diferencias observadas entre los hogares. En particular, el hecho de que los hogares con mayor carga de cuidados presenten menores niveles de ingreso per cápita indica que la disponibilidad de trabajo no depende únicamente de decisiones individuales, sino de restricciones estructurales asociadas a la reproducción social. 

En este sentido, la clasificación del cuidado como “ocio” dentro del modelo neoclásico resulta analíticamente problemática. Como señala Nancy Folbre, el cuidado no es simplemente tiempo libre, sino una actividad que genera valor social y contribuye a la formación de capital humano. Los datos muestran que esta actividad tiene implicaciones económicas concretas, al limitar la capacidad de generación de ingresos. 

Asimismo, la teoría del capital humano no logra explicar completamente las brechas observadas. Si bien esta teoría atribuye las diferencias salariales a educación y experiencia, no considera que las trayectorias laborales pueden verse interrumpidas o restringidas por responsabilidades de cuidado. 

5.2 El cuidado como pilar de reproducción social 

Desde una perspectiva más estructural, los datos respaldan las tesis de Silvia Federici, evidenciando cómo el sistema económico se sustenta en el trabajo reproductivo no remunerado. Los hogares con mayor carga de cuidados absorben los costos necesarios para la reproducción de la fuerza de trabajo sin recibir una compensación alguna. 

Asimismo, siguiendo a Antonella Picchio, se confirma que la reproducción social y la organización del cuidado constituyen una condición previa para el funcionamiento del mercado laboral. Finalmente, como advierte Lourdes Benería, los indicadores tradicionales como el ingreso per cápita suelen ocultar las desigualdades derivadas de las condiciones materiales de los hogares y de la distribución del trabajo no pagado. La aparente “eficiencia” del mercado puede coexistir con desigualdades estructurales derivadas de la distribución del trabajo no remunerado. 

En conclusión, el mercado no internaliza los costos asociados al trabajo de cuidados, lo que se traduce en desigualdades observables en los niveles de ingreso y en la capacidad económica de los hogares, y que perpetúa una brecha económica tangible basada en la estructura de reproducción social de cada hogar. 

6. Conclusiones 

El presente trabajo analizó la relación entre la carga potencial de cuidados y las condiciones económicas de los hogares, utilizando los microdatos de la ENIGH 2024. Tras el análisis, se presentan los siguientes hallazgos estructurados en tres dimensiones: 1) empírica, 2) metodológica y 3) teórica. 

1. Desde la evidencia empírica: el cuidado como condicionante económico.

Los resultados confirman que la carga de cuidados no es una variable social neutral, sino un factor determinante que condiciona severamente las posibilidades económicas de los hogares. Al analizar los datos, se constató una relación inversa entre la carga de cuidados y los ingresos (Cf. Gráfica 1): los hogares con una alta carga potencial de cuidados (dos o más dependientes) presentan un ingreso per cápita aproximadamente 47% menor en comparación con aquellos hogares de baja carga. 

Un hallazgo crucial es que la capacidad de ahorro (Cf. Gráfica 2), no disminuye de forma lineal como el ingreso, lo que sugiere empíricamente que los hogares se ven forzados a activar mecanismos de ajuste interno y estrategias de supervivencia para sostener la vida. Esta evidencia permite refutar el supuesto del modelo neoclásico que atribuye las diferencias de ingresos exclusivamente mediante la productividad individual o la elección racional entre trabajo y ocio, demostrando que la participación laboral está restringida por barreras estructurales de la reproducción social.  

2. Alcance metodológico: la variable proxy y la ENIGH 

Pese a que la ENIGH no captura directamente el tiempo invertido en las actividades reproductivas, es una herramienta valiosa para aproximar de manera empírica el impacto económico del cuidado. La construcción de la variable proxy de “carga potencial de cuidados” permitió observar indirectamente cómo los hogares asumen e internalizan las presiones y los costos materiales del cuidado que el mercado no reconoce. Al mismo tiempo, el análisis expone las limitaciones de la tradición económica que iguala lo económico exclusivamente con lo mercantil. En este sentido, los datos de la ENIGH ponen en evidencia que el ingreso corriente y el gasto son indicadores incompletos que no contemplan la valía del trabajo de cuidado no remunerado de los hogares, ya que dejan fuera de la contabilidad el uso del tiempo y la vulnerabilidad oculta dentro de los mismos. 

3. Diálogo teórico: una falla estructural del mercado 

El análisis, fundamentado desde los enfoques de Folbre, Picchio, Federici y Benería, confirmó de manera robusta que el trabajo de cuidados representa una falla estructural del mercado, bajo cuatro referentes complementarios de la economía feminista: 

● Nancy Folbre permite entender que el cuidado genera valor social y externalidades positivas (como el capital humano). Su falta de remuneración no es un error de medición, sino un problema de distribución asimétrica donde el cuidado es erróneamente tratado como “ocio”. 

● Antonella Picchio enfatiza que los hallazgos refuerzan que el mercado no es autosuficiente. Las tareas de cuidado constituyen la infraestructura previa y necesaria para la existencia del mercado laboral, dictando la capacidad real de los hogares para generar ingresos monetarios. 

● Silvia Federici aporta una dimensión histórica y estructural al análisis, al señalar que los datos materializan la tesis de la invisibilización como motor de acumulación. La brecha de ingresos observada muestra cómo los hogares subsidian al sistema económico al absorber los costos de reproducción de la fuerza de trabajo de manera gratuita. 

● Lourdes Benería advierte que la insuficiencia de los indicadores convencionales queda al descubierto. La supuesta “eficiencia de Pareto” es parte de un conjunto de ficciones que ocultan desigualdades derivadas de la distribución desigual del trabajo no remunerado. 

En conjunto, el análisis muestra que el trabajo de cuidados no es una actividad neutral, o una simple dimensión social. El trabajo de cuidados es un factor determinante que empuja a los hogares hacia niveles de ingreso significativamente más bajos debido a las exigencias de tiempo y recursos que impone la dependencia de sus integrantes. Su exclusión del sistema de precios y de los modelos analíticos tradicionales da lugar a una falla estructural del mercado, en la medida en que los costos de la reproducción social son trasladados a los hogares sin ser reconocidos ni remunerados.

Bibliografía 

Acemoglu, D., Laibson, D. I., & List, J. A. (2022). ECONOMÍA: UN PRIMER CURSO INSPIRADO EN EL MUNDO REAL. 

Benería, L. (2003). Gender, Development and Globalization. New York: Routledge. 

Federici, S. (2004). Caliban and the Witch. New York: Autonomedia. 

Federici, S. (2013). Revolución en punto cero. Madrid: Traficantes de Sueños. 

Folbre, N. (2001). The Invisible Heart. New York: New Press. 

Folbre, N. (2006). “Measuring Care”. Journal of Human Development, 7(2), pp. 183–199. Picchio, A. (1992). Social Reproduction. Cambridge: Cambridge University Press. 

Picchio, A. (2003). “Social Reproduction”. Cambridge Journal of Economics, 27(2), pp. 231–247. Varian, H. (2010). Microeconomía intermedia. Barcelona: Antoni Bosch. 

Stiglitz, J. (2000). Economics of the Public Sector. New York: Norton.